TRIBUNA FUTBOLERA

Viviendo y sobreviviendo

Santos no se da por vencido. Se sigue aferrando con las uñas a la supervivencia. Ante Pachuca ya se vio más convincente (en Liga). Digamos que Caixinha siempre transmite la idea (con gestos y actitudes) de que en el Santos nadie se rinde. No está por demás decir que Caixinha suele, casi siempre, prescindir de los ofensivos (Orozco, por ejemplo)  cuando siente que ya tiene el partido a modo. Malo. Siempre le resulta contraproducente porque el rival se le encima, lo mete en aprietos y obliga a toda la afición a tomar el rosario para rezar.El portugués seguirá haciendo lo mismo, hasta que se lleve una buena sacudida, por confiado. Eso, que le quede muy claro, irrita bastante a  la afición. El clamor del TSM es la prueba irrefutable cada vez que esto sucede. Pero quedémonos con que el Santos va de menos a más, que poco a poco se va encontrando con una fisonomía de cara a una hipotética liguilla. Bien ante Pachuca: peligrosos, incisivos, generadores de ocasiones y ciertamente intensos en la medida y en el ritmo del esfuerzo. Eso, cuando sucede, le otorga cierto alivio a los aficionados porque notan que por lo menos la entrega está presente.No es lo mismo ganar jugando mal que ganar jugando bien. No es lo mismo perder jugando mal que perder jugando bien. Mientras el Santos pugne por jugar al futbol con la iniciativa y la propuesta por delante, hasta los malos resultados serían menos dolorosos. En el futbol es muy importante el cómo, las formas. Santos sabe tener, cuando quiere, buenas formas. Seguramente muchos vieron el “tope” futbolístico del Santos ante Tigres en la Copa MX, por ser un despliegue de juego amplio y algo atractivo durante gran parte del tiempo. La pregunta es ¿por qué no juegan así más seguido si tienen las capacidades para hacerlo?Por cierto, sobre el interés del América por Quintero. Obvio existe, pero no olvidemos que el Santos ya no está como para rechazar ofertas de millones de dólares, que todos los futbolistas (por mucho dinero que ganen) siempre quieren ganar más (Peralta, por ejemplo). Que la fidelidad y amor incondicional de un jugador por un club casi no existe. Que si se le renovó hace poco fue para aumentar su cláusula en caso de una posible venta. No olviden que el Santos ha sabido encontrar buenos atacantes en el extranjero y seguramente confían en esa buena visión. Si se va a ir, que se vaya, pero que no armen (ni él ni el club) novelas cargadas de sentimentalismos y digan de manera clara que esto es un negocio.