TRIBUNA FUTBOLERA

Tristes, desilucionados...pero acostumbrados

Ya sabemos que cuando al Santos le alteran un poquito el orden establecido todo se vuelve un desastre. Por momentos da la impresión de que si pasa una mosca el equipo se desordena y no vuelve a encontrar la cuadratura y mucho menos las soluciones para librar la desgracia. Pero si pasan cosas como las de ayer, todo se vuelve una cuesta imposible.

Al Santos todo se le derrumbó cuando, injustamente, fue expulsado Sánchez. Después… pobre Ventura, entiendo lo que le sucedió; circunstancia de mucho peligro para su integridad. Esperemos que esté bien. Pero el contexto es que el Santos tiene muy mala suerte.

Hasta antes del empate de Cruz Azul y de las desgracias ya mencionadas, el Santos estaba jugando bien, muy bien por segmentos. Lástima que no se tenga un delantero asesino, un “killer” del área. Lástima que la encomienda para intentar meter los goles sea de Jonathan y del delantero más desesperante en la historia del Santos: Djaniny Tavares. Yo pensaba que no había delanteros más deleznables en su juego que Eliomar Marcón o el tristemente célebre Chuleta Orozco. Pues bien, Djaniny los supera (en cables cruzados). Siempre, siempre, elige la jugada menos indicada. Parece que tiene en la cabeza un chip programado para hacer lo contrario a lo que indica la lógica y el flujo de las jugadas ofensivas.

Abella tuvo injerencia en los dos goles de Cruz Azul, porque estuvo en la zona directa de influencia ofensiva de Cruz Azul, pudiendo hacer algo para evitar los goles, pero no lo hizo porque marca pésimo. Solamente a eso entró. Chepo: te empiezo a entender, con jugadores así, ni recibiendo la bendición directa del Papa Francisco la libras. Una cosa debe quedar clara ya: al Chepo y a Galindo se los van a llevar entre las patas algunos jugadores. Terminarán siendo despedidos por el pésimo accionar de varios jugadores del plantel.

Desgracia también lo de Gael: no era roja. La de Furch, sí. Lo que pasó en esa jugada todavía es algo incierto. Ya pareciera que alguien tiene en sus manos un muñeco de magia negra con la camiseta del Santos puesta y cada vez que los del Chepo empiezan a hacer algo bien, le entierran agujas al muñequito. La afición está mal, triste, desilusionada, deprimida… pero acostumbrada. 


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