TRIBUNA FUTBOLERA

Operación resurgimiento

Santos se encuentra otra vez ante la posibilidad de hacer real su resurgimiento. Los de Caixinha se amparan en ese juego un poco eléctrico que saben tener por momentos. Recuerdo que, hasta hace algunos torneos, el Santos era muy cambiante. Sabía ser de lo mejor y de lo peor.

Era un equipo extremista porque sabía dar un partido bueno y uno malo, pero no tenía una constante: ni era siempre bueno ni era siempre malo. Hoy ha dejado de ser extremista para volverse aburrido y, a veces, penoso. Lo único rescatable, para mí, es Marchesín, Molina y González.

Eso sí, me agrada el estilo de Caixinha, aunque de vez en cuando haga combustión en sus reacciones.

El Santos pasó de estar mal a estar peor.En el futbol suelen surgir los mensajes de unidad, de invitación al optimismo, de incitar a creer que todo podrá estar mejor. Sí, pero todo eso no deja de ser una posibilidad y no un hecho tangible. Me gusta este “resurgimiento” que está teniendo el Santos.

El último partido en casa fue bastante dinámico y entretenido, aunque el futbol en todas las líneas del campo en general fue bastante deficiente. Al Santos le falta un sello de identidad; en cada partido salen a la aventura para ver qué nuevos horizontes encontrarán, para explorar en un océano de posibilidades y esperar que se gane algo en el trayecto.

Eso sucede porque aún no se sabe a qué se juega.

Es obvio que se juega para ganar, pero en eso de tener una identidad de juego, de generar un modelo, de… sé que me estoy dando a entender.A la afición se le prometió un cambio abismal, que verían un equipo que presentaría un producto futbolístico distinto y distante del anterior. Y no, fueron mentiras, porque está pasando todo lo contrario.

No hay propuesta y sí bastante desorientación, no hay circulación del balón con sentido, no hay muchos goles, no hay modelo, no hay diversión, no hay alegría ni satisfacción. Se podría decir que la inversión está fracasando porque el producto no gusta y se vende poco.

Es cruel la comparación, pero el nuevo estadio de Monterrey se está quedando chico (55 mil personas) por la brutal demanda de abonos. Hoy ante Pumas se debe ganar sí o sí. El empate no sirve, es mediocridad ante el contexto imperante en Santos.

La operación resurgimiento sigue en pie y la liguilla por momentos dice “adiós” y por ratos dice “te espero”. El Santos debe apelar a buscar a como dé lugar los 3 puntos. Si quieren apoyo masivo en lo que resta del torneo, sería bueno exigirlo con buenos resultados.