TRIBUNA FUTBOLERA

Nuevos Barça y Madrid

El Real Madrid de la pasada temporada me gustaba; por sus desdobles, por sus contragolpes altamente efectivos y por esa velocidad endiablada que le imprimían a su juego las galopadas de Ronaldo, Bale y Di María. Lo hacían casi de memoria y rayando en la perfección. Si al Real Madrid le anotaban un gol, era garantía de que ellos anotarían dos, o tres más. Muchas veces me desesperaba ver cómo anotaban con tanta facilidad. La respuesta es sencilla: nadie era tan veloz como ellos. Y no es que fuera fácil, es que siempre llegaban primero.Como dijo Guardiola tras caer eliminado ante el Madrid: “Todos son unos atletas”. Cierto es, pero lo más importante es que empezaban a generar un estilo de juego altamente efectivo. Seguramente no el más atractivo en cuanto a lo estético, pero sí sorprendente por lo monumental de sus acciones ofensivas. Todas cimentadas en un despliegue atlético inigualable. Es ahí cuando Carlo Ancelotti dio en la tecla. Cuando encontró, por fin, hasta el final de la pasada campaña, la fórmula. Pero duró poco, porque dos medulares de ese modelo ya no están: Di María y Xavi Alonso. Di María hacía mejor al Madrid y Alonso hacía que los rivales fueran malos, por su precisión en la media.Se fueron y a cambio llegó James, que no es, ni por mucho, un futbolista que aporte lo que Di María aportaba. Llegó Kroos, pero no tiene el recorrido ni el bagaje que sí tiene Alonso. Cuando Ancelotti había dado en el punto medular, le desbarataron el diseño. Y llegó el Chícharo, más como premio de consolación para el italiano. En pocas palabras: Lo que llegó al Real Madrid no es mejor que lo que se fue. O por lo menos ese es su presente. Y en Cataluña las cosas parecen marchar mejor. El Barcelona se ha revolucionado de la mano de Luis Enrique, que tiene una autoridad moral legitimada en lo que es: un hombre de la casa, querido por todo el entorno culé. Empiezan a gustar. Encima de eso ya le llevan 6 puntos de ventaja el Madrid en Liga. La fórmula es haber sustituido el juego de toque que giraba en torno a Xavi, por el ir y venir de Rakitic. Es un Barcelona que ya no tiene tanto la posesión; algo que ni le preocupa, porque ya es más paciente y vertical, construyendo sus ataques en los arranques de Messi y las internadas de Neymar o Munir (y falta Suárez). La defensa es sólida y ya no es garantía de gol para sus rivales. El juego ya no es tan elaborado, pero sí más directo y conservando detalles artesanales.