TRIBUNA FUTBOLERA

Licenciado, no es su culpa

Decía entre semana el Presidente del Santos que asumía toda la responsabilidad de la situación del equipo. Difiero y planteo lo siguiente: cuando las cosas marchan extraordinariamente bien en la oficina no significa que en el campo las cosas van a funcionar de la misma manera. Los títulos los ganan los jugadores y no los de la oficina.

El pésimo funcionamiento del equipo no tiene nada que ver con los directivos. También son los jugadores los que pierden los títulos, no la oficina. Nadie de pantalón largo mete goles, tapa penaltis, envía trazos largos o falla jugadas claras de gol.

Cuando el Santos fue campeón fue gracias a los que corren en el campo y a nadie más. Hoy que el Santos es un trapo feo y apestoso tampoco es culpa de los directivos. Repito: ellos no juegan.

Es culpa de los jugadores. No están siendo profesionales. Si ellos piensan que ya por formar parte de un equipo de primera división y cobrar un jugoso sueldo es sinónimo de profesionalismo, están muy equivocados. El profesional es el que demuestra el compromiso. Sí, porque no es lo mismo sentirlo que demostrarlo.

En el Santos no se nota el compromiso.

Ayer por lo menos se vio deseo de hacer mejor las cosas, enjundia y cierto dinamismo descontrolado. Pero nada de claridad, poco orden y nula idea. El Santos está huérfano de sistema; nadie puede decir que juegan a algo. Aplastante prueba del sentir de los aficionados es cuando la televisión muestra gente bostezando y niños dormidos en la tribuna.

El Santos es un equipo de primera división que juega como equipo de división de ascenso.

Sería bueno ir adecuando los precios al tipo de espectáculo que presentan cada fin de semana… Pero bueno, eso ya depende de otros lados. El único que vale la pena en éste torneo es Marchesín. Orozco, desde que llegó al Santos, ha sido un fracaso.

Lo único importante que ha hecho son aquellos goles en la final pasada de ida en el TSM. Djaniny es competitivo, pero no es un gran delantero. La media no produce: El Pulpo está años luz del nivel con el que llegó. Molina no puede solo. Rabello es de a cuenta gotas. La defensa es pésima.

Por cierto: Abella necesita que alguien de la cúpula le recuerde que “en éste equipo nos debemos a nuestra afición”. Imperdonable es que rete a la afición como ante Dorados. El público es soberano. Pero bueno, no le alcanza para comprenderlo. Ya mejor a otra cosa, porque esto aburre.

Y no sólo a mí, sino a miles.