TRIBUNA FUTBOLERA

Desesperar a la afición...

Una cosa debe quedar clara: el Santos no tiene arreglo a corto plazo. Se ha convertido en víctima de sus propios errores estructurales que ya denotan un estilo de dirección inadecuado en el plano deportivo. El Santos se ha distanciado de la clase alta del futbol mexicano. Ya no es consuelo (ni debería serlo) el tener un estadio hermoso con la cancha mejor cuidada y las porterías traídas de Europa. No, ya no. Eso es un contexto diferente que no tiene absolutamente nada que ver con lo que sucede en el campo a la hora de la verdad.

A la jornada 5 todavía no se sabe a qué pretende jugar el Santos. Ante la urgencia y el drama que vive el equipo no se nota que se tomen decisiones ni se intervenga con determinación, sino que se va a remolque, dando vueltas sobre la misma cosa, sin saber qué cosa  es. Eso es lo grave.

Cuesta trabajo encontrar un punto de inflexión deportivo donde coincidan las cosas para bien. El Santos se cansó de sí mismo, de tratar de hacer las cosas bien (pero sin idea), de esforzarse mucho (pero sin rumbo), de defenderse (pero mal) y de atacar (pero sin contundencia). Todo para que al final, como siempre, el rival en turno que supuestamente viene en peor situación, les gane.

El equipo en cada partido se enfrenta no sólo al rival sino a sus propias carencias y defectos. Es como estar compitiendo ante dos rivales. En la mente están centrados, pero en el funcionamiento poco a poco van claudicando. Es notorio que el cuerpo técnico no encuentra soluciones y por más que trata de enderezar el rumbo las cosas terminan más torcidas. La dupla de la banca ya no puede. Su raciocinio ya no tiene efecto en el plantel porque no les hace mejorar sus errores y los del campo cada vez se deprimen más y deterioran su accionar.

No es el fin del mundo si se repasa la rica historia del club y se piensa en los buenos tiempos: Adomaitis, Apud, Borgetti, Pony, Tena... El Santos ha superado dificultades máximas y sobrevivió a las mayores calamidades. Pero con la luz apagada es muy complicado moverse. Y en el Santos parece (sí, parece) que ya se fue la luz.

Que no es un gran equipo es verdad.

Se nota. El margen de maniobra es muy corto y el miércoles toca jugar en la sala de juicio llamada TSM. Las rutinas no son un problema hasta que se convierten en vicios.