TRIBUNA FUTBOLERA

Cuidar la casa

El Santos no termina de cuajar. Parece que va, que se atreve, que quiere y no puede. Pero, a veces, parece que se queda sin argumentos en pleno partido. No se ha empezado mal, al contrario. Sin ser nada exacerbado, el Santos va pasito a pasito, partido a partido. El chasco de Coras encendió alarmas, pero todos debemos recordar que el futbol en segundos encumbra y en un santiamén derrumba. El Santos de este torneo tiene un aura estremecedora: nunca se sabe qué va a pasar con él. Obvio, en el futbol nada está escrito, pero los del Chepo, desde que él llegó, no han terminado por tomar un estilo. En lo personal, aun no puedo entender cuál es su sistema, su modelo.

Entiendo el objetivo: tratar de ganar y lograr alejarse del caliente tema porcentual. Sí, objetivo. Pero el cómo, no adquiere consistencia. Siempre me ha gustado (en general y hablando de futbol) la generación del juego de medio campo, porque ahí está la cocina del juego. El Santos del Chepo a veces produce interesantes platillos en su cocina (su media), pero en otras ocasiones nos termina indigestando. Lo que sí queda claro es que muy pocas veces nos han otorgado un festín digno de banquete. Ante América hubo asomos de ello, y nos dio gusto observarlo; bonito, entretenido, productivo, incisivo. Asi, sí. Pero luego la cosa se va tornando gris, descolorida. Se camina a veces por una delgada línea roja que empieza a nacer en el medio campo.

Agradecido estoy con la actitud del equipo, porque se nota otra. Pero eso nunca será suficiente y menos en la alta competición profesional. También el talento requiere orden y coherencia, al igual que lo que se fabrique en los cerebros del cuerpo técnico; si en alguna de estas partes hay un desperfecto, la maquinaria general no terminará por funcionar bien.

El Santos tiene buenos engranes, pero actualmente tiene algunos cables pelados que cuando se cruzan hacen corto circuito. El Chepo y Galindo a veces contribuyen al corto circuito y no a la regulación del problema.

Es difícil, porque cuando el problema no viene de la cancha y sí de la banca, hay lío. Son dos campeones los que dirigen al equipo. De este negocio saben, y muy bien, pero les gana el abanderarse con una idea, con una norma de la cual les cuesta trabajo separarse aunque el equipo grite ¡auxilio!. Los 3 puntos en juego de hoy son brutalmente vitales. Que se ayuden todos, unos a otros: afición, equipo y, sobre todo, cuerpo técnico.