TRIBUNA FUTBOLERA

Creer en el Santos

Nuevo proyecto, nuevas ilusiones, nuevas caras, nueva manera de asimilar la táctica y la propuesta. No comprendo a esos aficionados que tienen dudas. Esos que siguen con el sentimentalismo tras la marcha de Oswaldo y Juan Pablo Rodríguez. Aquellos que siguen bastante enfadados por la “traición” de Quintero. Llegó gente joven e ilusionada. Sinceramente (salvo Quintero) no se perdió mucho y sí se ganó bastante. El equipo se ha rejuvenecido y los que llegaron traen dentro de su mochila algo vital: ganas de triunfar y hambre de títulos con su nueva institución. En algunos sentidos se podía determinar que Santos iniciará de cero.Iniciar de cero tras el fracaso invita a creer. Es obvio que el pasado torneo despertó todos los demonios que hacía mucho no se despertaban en el club y en todo su entorno social. Decía el presidente Irarragorri que a veces “hace falta recibir golpes muy duros para reaccionar”. Tiene razón. Ya no deseo entrar en resquicios de esos que escuecen como sal en las heridas. Hoy no hace falta porque muchos de esos pecados ya son bien conocidos… o eso espero. Caixinha tiene ahora sí el mando total; él construye y, sin lugar a dudas, pasión no le falta. Me gusta su personalidad, aunque a veces peca de soberbio. Ya no están los pesos pesados del vestuario y sí está un grupo de jóvenes dispuestos a aprender para poner en práctica los conceptos en el campo.A mí me ilusiona, porque por fin veré jugadores distintos a los que tantas y tantas veces analicé. Ya hacía falta una revolución así. Desde aquel proyecto pro salvación para mantener la categoría no se daba algo semejante. Aquella vez la cosa salió bien con la ayuda del Atlas, pero salió. Seguramente, o eso quiero creer, las cosas irán hacia buen puerto. Quiero invitar a la afición a que confíe en su equipo. Sé que cuesta trabajo porque hay muchas heridas emocionales que deben ser subsanadas. Lo bueno de la afición es que el futbol tiene la capacidad para renovar ilusiones a toda velocidad. Es una gracia fantástica del deporte. Y como el futbol, el aficionado debe sentir renovadas esas ilusiones ¿hace cuánto tiempo que no se llena el estadio con una afición deseosa de ver un equipo que les alegre el corazón y les haga olvidarse de sus problemas? Bueno, pues ahí está una encomienda para el Santos. Hay que confiar en este nuevo equipo. Desde este espacio aprovecho para desearles felices fiestas a todos mis lectores.