TRIBUNA FUTBOLERA

Ya, sin Compasión

El Santos no ha jugado mal, ha jugado bien. Cierto. Ha habido esfuerzo, también. Calidad en el juego se ha generado, momentos atractivos de una conección entre medio campo y ofensiva han podido ser apreciados en lo que va de torneo. Pero el déficit está en la concreción. Al Santos se le han venido abajo victorias inminentes. Ese panorama, de la no materialización del triunfo, ha venido a minar un poquito el ánimo del aficionado que se abandera en el ideal y la esperanza de que “mientras se juegue bien” la victoria llegará como consecuencia. Pero un hecho es claro: el jugar bien no se ha traducido en victorias.

Pero a estas alturas ya se debe dejar de lado el sentir compasión por el Santos. Hay que tener soluciones inmediatas a partir de hoy: si el Santos no concreta es porque sus delanteros no tienen la mira fija, porque tienen un defecto serio cuando ante ellos está el momento clímax de la definición.

Todo eso se traduce en un deficiente accionar ofensivo. Si el problema se ha extendido hasta la presente jornada es porque no se ha hecho mucho por corregir. El otro mal es la desconcentración: partidos casi “amarrados” se les han terminado yendo de las manos. Los mismos jugadores, artífices de un juego por momentos atractivo, no encuentras los mecanismos para meter goles ni para mantener marcadores a favor.  

¿Cuestión psicológica de los jugadores? ¿Falta de elementos para poder corregir por parte del cuerpo técnico? Pueden ser ambas. 

Pero mientras ellos descubren cómo salir de esa vorágine, el torneo pasa y las jornadas se van. Muy triste y lastimoso sería recordar al Santos de éste torneo como un equipo que jugó bien la mayoría de sus partidos pero nunca supo ganar porque sus delanteros fallaron y el equipo no pudo sostener marcadores a favor.

Por eso ya es tiempo de revertir las cosas, de darle un giro al presente contexto.

El partido pinta para interesante porque el Querétaro arriba al TSM con el ánimo ciertamente recargado. Ese ánimo tendrá en frente a un Santos que saldrá con la incertidumbre de si ésta vez saldrán las cosas bien, como todos quieren, como ellos mismos sueñan. Pero recuerden: ya basta de sentir lástima y compasión por un equipo que juega bien pero no gana.