TRIBUNA FUTBOLERA

Cambiar oro por bronce

El Santos se ha desprendido, en un año, de dos futbolistas de primer nivel en el futbol mexicano: Peralta y Quintero. Ya sin Oribe, llegó Djaniny Tavares. Oribe es un 100 de calificación. Vale su peso futbolístico en oro. Djaniny es un 80 (o menos) y su valor futbolístico medio se acerca a la plata. Así es; últimamente el Santos es bueno para dejar ir (por uno u otro motivo) futbolistas de gran nivel para traer parches: gente de mediana calidad, y eso es decir mucho. Cejas fue un fracaso total. Nunca, desde que llegó a la Laguna, hizo algo minúsculamente significativo para el Santos. Calderón se destartaló (él solo) hace años. Estorba. Se estorba a sí mismo y a los compañeros. Hasta en la banca estorba. La revolución y restructuración que se vaya a realizar en el Santos tiene que tener (obligatoriamente) sabor a eso: a reestructuración. La afición no es tonta y no la van a convencer de que, por ejemplo, Mendoza y Molina son dos jugadores que puedan revolucionar a un equipo. No son malos, pero no son, a mi juicio, futbolistas que harán surgir una nueva era en el estilo y el modelo de juego del Santos. Y bueno, ahora se fue Quintero. A mí, en lo personal, me sabe a traición. Dijo que quería nuevos retos y lo mejor para su familia. El señor no ganaba $10,000 pesos al mes. Ganaba estratosféricamente más. Con el sueldo mensual que percibía en el Santos podrían sobrevivir muchas familias de clase baja en Torreón.¿Nuevos retos? Pues aquí en el Santos le faltaron muchos por cumplir. En conclusión: el amor incondicional de un futbolista por la camiseta y por un club, no existe. Si en verdad amara tanto al Santos, se quedaba para ayudar al resurgimiento del equipo. Sí: traidor. “Él pidió salir”, en palabras de la directiva santista. La reestructuración la veremos configurada en no mucho tiempo. No sé si vayan a traer nombres apantallantes. Pero no es lo mismo, por ejemplo, Lucas Lobos que Mauro Cejas ¿nos entendemos? Y la afición lo sabe. Esperemos que si llegan jugadores del extranjero sean de impacto inmediato, no de reacción de mediados de torneo.El Santos ha dejado ir oro y lo ha cambiado por bronce. En el fondo lo entiendo: ya no se puede gastar tanto como antes y sí se requiere recibir ganancia significativa. Pero aún así, se debe tener mucho cuidado con lo que se promete. Está en juego la palabra del presidente que prometió “lucha, compromiso, intensidad y un nivel de juego atractivo”. A ver si es cierto…