TRIBUNA FUTBOLERA

Adiós, Caixinha

Todavía con el batacazo muy fresco de perder ante América apenas el viernes, el Santos nos sobresaltó a todos con un comunicado a eso de las 2:30 de la tarde de ayer. “Santos Laguna Convoca: A los medios de comunicación el día de hoy a la Sala de Prensa Miguel Ángel Ruelas Talamantes de Territorio Santos Modelo, para dar a conocer un importante anuncio.

La cita es a las 15:00 horas. Muchas Gracias”. En sábado al medio día… cuando se supone que todo es paz y quietud: comida, familia, descanso.

La cosa no podía presagiar, teniendo como contexto el resultado del partido del viernes, nada bueno. Y sí, el asunto era para anunciar que Pedro dejaba el club porque ya no se sentía capaz de enderezar al equipo.Se va, para mí, un buen entrenador; algo “loco” y visceral en sus formas, pero apasionado a fin de cuentas.

Obviamente el partido del viernes dictaminó éste desenlace, porque Caixinha vio en su equipo lo que casi todos pudimos ver: el Santos no tiene cuadratura, parece que los jugadores no tienen capacidad para construir un sistema de juego que desemboque en un futbol consistente y, creo ya sería mucho pedir, de calidad.

El hombre no es bruto y se ha dado cuenta de ello. Un hombre que hasta cierto punto solía reconocer en los partidos cuando su equipo jugaba a “nada”, que era lo más cercano a la autocrítica. Llegó a la institución como un total desconocido y se va siendo campeón y uno de los más reconocidos entrenadores de México.

Estruendoso en las formas, sobre todo al hablar; se le iba mucho la boca, pues se desgataba en palabras que terminaban transformándose en un arma de doble filo, no sólo para él, sino para el club.

Él trajo consigo una metodología de trabajo innovadora para el futbol mexicano. A los jugadores no les pareció del todo conveniente en un principio, incluso a algunos de ellos sigue sin gustarles, pero se han venido acostumbrando. El equipo campeón se ha vuelto un polvorón que pocos se atreven a cuidar; a Pedro se le empezó a resquebrajar cuando menos convenía.

Se va, como él lo dijo, “Marcado para toda la vida y agradecido con la institución”. Llegó siendo “nadie” y se va siendo alguien. No deja una vacante sencilla de cubrir, pero sí apasionante para cualquier entrenador desempleado. Adiós, Pedro. Que le vaya muy bien, lo voy a extrañar.

Ante todo, y a pesar de algunas de sus reacciones, es un caballero. En el fondo no todo es su culpa.