Tribuna futbolera

El sello de la casa

El Santos se encontraba con la brújula perdida y de repente hizo acto de presencia ese espíritu que ha hecho tan suyo para configurar una identidad propia. Sí, el Santos es garantía de dos cosas: o se consume en sus propios errores, sobre todo defensivos, o se encarga de electrizar en minutos los partidos para tener a su afición con el corazón en un puño. Terminó sucediendo lo segundo y el TSM se vino abajo. Santos logró la añorada remontada y se coló a las semifinales cuando el contexto indicaba que la historia sería otra. La única manera de generar redención tras el ridículo en el Azteca, era esta.
Y que quede claro lo siguiente: en la ida el Santos fue humillado, se vio pésima su defensa, Oswaldo falló, bajaron las revoluciones y América los arrasó. Innegable. Eso pasó en la ida y había que mencionarlo. Pero ayer la cosa fue distinta, porque el futbol es hermoso y nos regala partidos como el de ayer: heroico, emocionante y, sobre todo, merecido. Santos se encargó de cimentar, otra vez ante América, uno de los mejores partidos de su historia. En todo el partido al Santos le faltó un nivel más de intensidad. Ese no era el Santos de siempre. El América empezó con una actitud que era obvia: esperar. No estaba obligado.
Santos no encontraba los mecanismos para resolver las circunstancias y el contexto que se le presentaba. Seguramente en la mente de todos los jugadores estaba tatuada la idea de: “podemos”, pero durante 70 minutos se vieron en otro mundo, como si no estuvieran mentalmente metidos en el pleito. El América se propuso hacer algo más cuando empezó a sentir que su rival estaba más confundido que los aficionados en la tribuna, donde por cada 3 santistas había un americanista. A veces hace falta que surja una chispa de inspiración que cambie el destino casi escrito.
Pero luego apareció ese escenario que tanto le gusta al equipo de Caixinha: el drama en estado puro, con el alma casi desgarrada y la esperanza perdida. La noche era como esas donde andan volando los demonios y hasta miedo da. Y fue a base de corazón, orgullo y persistencia que los de casa terminaron espantando todos esos fantasmas que ya estaba apostados en el techo del TSM. Y gracias a Ribair y, sobre todo, a Rentería, se hizo la luz. El Santos vio la gloria cerca y se la quedó. Muchas felicidades por el acceso a semifinales. Felicidades por haberse hecho perdonar por su afición. PD: a los que me leen siempre, gracias. Léanme más.