Tribuna futbolera

Esa delgada línea roja

Lo he escrito muchas veces: hay una delgada línea roja entre el Santos maravilloso y el Santos espeluznante. Saben ser muy buen equipo y soltar unos latigazos incontestables para sus rivales, pero de la misma manera se saben desdibujar a lo grotesco. Puede verse también, o escucharse, como una bella orquesta donde sobresalen las melodías de los violines y de un momento a otro suenan como un rock pesado que incomoda al oído. Sí, este Santos es extremista. Los extremos, a veces, suelen ser malos. Santos abusa mucho de su buena fortuna, cuando la tiene. No sé en qué consista tal fenómeno, no encuentro el razonamiento lógico.
El próximo fin de semana hace efecto esa capacidad que tiene el futbol para renovar las ilusiones a toda velocidad. Santos visita al América en el Azteca y eso ya es mucho decir. Suelen ser buenos partidos, suele cargarse la atmósfera de un ambiente entrañable. El Santista estará esperanzado bajo el ideal de que el Santos obtenga un resultado positivo. Nunca es sencillo en el futbol mexicano crearse sueños idílicos. Ni los llamados “grandes” pueden darse el lujo de pensar que no será difícil buscar el título. Me he puesto a reflexionar sobre el tamaño de la ilusión de unos y de otros, de aficionados, futbolistas, cuerpo técnico y directiva.
El aficionado es el de la ilusión más pura: no tiene mugre y no están a la vista telarañas. Sólo se ve luz y un horizonte despejado. Su mente tiene única y exclusivamente la idea de pasarlo bien, ya sea frente al televisor o en la tribuna, viendo a sus muchachos jugar (y bien, si se puede). De ese sentimiento no tengo duda alguna. Pero luego viene la “ilusión” de la que más cuestiones surgen: la de los futbolistas. Ellos juegan y pase lo que pase siguen cobrando los millones. Pueden estar en el campo con mucha o poca ilusión y les siguen pagando. Los futbolistas pueden decir que están comprometidos con la causa pero el subconsciente dice otra cosa.
Al final (y no por orden de jerarquía) viene la directiva. ORLEGI recientemente arrancó su aventura. Los “nuevos cimientos” están puestos y su deseo es, que bajo esta “nueva” administración, se cristalicen los éxitos. Irarragorri y su cúpula no tienen otro horizonte que no sea el de ver reflejado su trabajo. Es válido. Quieren que su equipo sea campeón para demostrar que están llevando por buen rumbo el barco. Sí, la ilusión de ellos también es pura. Esperemos que el sábado en el Azteca también los jugadores sean puros.