Tribuna futbolera

Santos es su peor enemigo

El peor enemigo del Santos Laguna es el Santos Laguna. Y no quiero que esto se interprete dentro de un contexto de que la institución llamada Club Santos Laguna es nociva. No, no va por ahí el meollo de mi planteamiento. Me voy a lo estrictamente deportivo, al campo. He escrito muchas veces que el Santos es un equipo extremista, que sabe ser de lo mejor y, también, de lo peor. El equipo de Caixinha abraza los dos estandartes: el de lo bueno y el de lo malo. Es un equipo de proporciones camaleónicas: cambia mucho de tonalidad en los partidos, y no sólo de un partido a otro, sino de un tiempo a otro. Como en León; en el primer tiempo estaban en presencia física, en cuerpo, pero no en el alma.
Lo de Santos es curioso. A veces uno no sabe si el equipo se anima o no se anima, si se atreve o no se atreve, si pega o no pega… y bueno, en lo que se decide (el Santos) nos tiene con el bostezo en la boca o con el rosario en la mano. Pero una vez que toma la decisión más atrevida (atacar), termina siendo un verdugo sin piedad. Santos es como una persona somnolienta que cuando escucha el sonido de su despertador por las mañanas se levanta, lo apaga para que deje de sonar y se echa a dormir un ratito más, pero luego, cuando se da cuenta que ya es tarde, abre los ojos por completo y de un brinco se levanta de un brinco para pegar con puño de hierro.
Lo de León no debe de extrañar: el Estado de Guanajuato es tierra maldita para los laguneros. Sin quitar del renglón que casi siempre se arrugan ahí los jugadores. Verdad es también que León sabes más con la pelota que el Santos y que respetan al por mayor la esencia de este deporte. Por eso cuando un equipo como el Santos que no termina por cuajar al 100% un estilo, idea, modelo, sistema… cuando se topa con un equipo más “configurado” en todos los sentidos, patina. O se disuelve por lapsos hasta desaparecer, pero cuando se espabila intenta lo impensado y raya en proezas de gloria. Sí, pero hasta que tienen el agua en el cuello.
Cuando Santos derrotó a Tijuana, titulé: “Fumata verdiblanca: ganaron divirtiendo”. Así fue, porque se acordaron que les pagan mucho, que saben jugar bien (cuando quieren), que la gente se desvive (muchos) por verlos, etc. Pero ese es el problema, que dejan con la miel en los labios tras una aparente “mejoría” y al poco tiempo todo se cae como un castillo de naipes. Sería bueno encontrar la fórmula de la constancia. Pero bueno, para eso trabajan mucho en los entrenamientos donde todo sale de maravilla.