Tribuna futbolera

El Santos sin Peralta

El Santos ya no tiene a Peralta y Peralta ya no tiene al Santos. Me costó digerirlo. Se repite la historia en la placentera relación Club América y Club Santos. Como sucedió con Vuoso y después con Benítez. El santista se forjó la idea, durante mucho tiempo, de que por fin había aparecido ese futbolista en el cual todos podrían confiar. Como en las grandes batallas cuando las legiones se subordinaban ante un gran general y pensaban: “ese es un hombre al cual todos podemos seguir”.
La Laguna ciertamente dudó de él en un principio, pero Oribe se encargó de transformarse en ese general que tomó el estandarte del club y lo llevó a lo más alto. Tras ese encumbramiento de éxitos, comencé a ver al Santos y a Peralta como un binomio indivisible; que el club lo atesoraría como algo sagrado, que Peralta estaría aquí siempre y tendría como horizonte prometedor el retiro en el club de su vida. Que quede claro: se va del Santos el mejor futbolista de México. Se va, para mí, el delantero más completo que el Santos ha tenido en su historia y, sin lugar a dudas, el mejor futbolista lagunero que ha existido.  
Y se va al América, a un rival directo del Santos en la lucha por el título. En una transacción que deja felices a todos, según el mensaje de Orlegi. Pero no. Los dejará contentos a ellos, al América y a Oribe, porque a la afición entera la deja colapsada. Decía Irarragorri que Peralta será un “embajador” del Santos y de la Laguna, esté donde esté. Eso es una especie de consuelo barato. Obvio que dará gusto ver que siga triunfando, pero me pregunto: ¿Y por qué mejor no se quedó a seguir triunfando aquí en el club que tanto ama, donde lo tiene todo y donde tanta gente lo adora?
“Va a un gran club como lo es el América”. Dijo Irarragorri. Felicidades. Qué hermosura. Como si el Santos fuera menos que América. Como si América fuera el club donde mejor podría estar. Comarca Lagunera: no estén tristes. Festejen y siéntanse felices porque Peralta va a un grande… Eso es lo que yo interpreto del mensaje. “Juegue en el equipo que juegue, quiero que estén orgullosos de mí, como yo lo estoy de esta tierra”. Palabras de Oribe. Pues sí, ya qué. Y a la afición que nunca se le olvide: el amor y la fidelidad incondicional de los futbolistas por un club, no existe. Peralta se va porque a él, a Orlegi y al América, les convino.