TRIBUNA FUTBOLERA

Mundial vs desigualdad

El Mundial de futbol incomoda a un sector importante de la sociedad brasileña. Inimaginable. El país más futbolero del mundo se empeña, día tras día, en demostrar que se podrían haber destinado mejor todos esos recursos estratégicos y económicos. Nunca me hubiera imaginado que los brasileños (sí, una inmensa mayoría) prefirieran muchas otras cosas, antes que el futbol. Estamos ante un mundo cambiante. Las cosas se mueven, se reajustan y se terminan transformando para bien o colapsando para mal. Hace algunos años Brasil estaba más cercano al tercermundismo que al crecimiento exponencial. Van encaminados a ser potencia continental.Pero algo hizo corto circuito en el camino: detrás del Mundial y por debajo del Carnaval, se esconde un sub mundo desgarrador. Miles de brasileños viven en la miseria y millones padecen injusticias de todo tipo. Ni hablar de la marginación que raya en lo espeluznante. En Brasil, como en México, los recursos y las riquezas (que las hay) solamente aterrizan para unos cuantos que cada vez las atesoran más. El resto, muy poco, va para el resto de la sociedad. De sobra está decir que a veces los recursos ni llegan a su destino original por las inclemencias de esa enfermedad inexpugnable llamada corrupción. Brasil, como país emergente, terminó con ese mismo síntoma.Se dice que cuatro estadios están de más. Que solamente eran necesarios ocho y que los recursos para esos otros cuatro bien podrían haberse utilizado para mejorar condiciones como la alimenticia o la oferta educativa. Trabajadores de los sistemas de transporte en huelga, indígenas en guerra contra policías y militares en las calles, favelas invadidas por agentes especiales que tratan de ocultar los brotes de narcotráfico y el flujo de estupefacientes que tendrán alta demanda en las principales ciudades. Es decir: un verdadero desgarriate. Se podría pensar que el futbol por fin había regresado a su casa predilecta: Brasil. Pero resulta que hoy, ahí, incomoda a mucha gente. Los motivos son comprensibles.Ni Dilma Rousseff ni Joseph Blatter darán discurso de apertura. Han decidido no hablar para no exacerbar a miles de aficionados que estarán presentes siempre para apoyar a su selección aun en tiempos de estallido social, pero que nunca olvidarán que quisieron “atorarles” el deporte que más aman para que se hagan de la vista gorda en cuestión de desigualdad. El pueblo no se tragó la treta. Aún así tratarán de tener algo de alegría con el Mundial. Brasil hoy grita: justicia.