Tribuna futbolera

Corto circuito

Parecía que el “pleito” sería bastante llevadero; con un Santos local y ante un contexto de victoria inminente. Sí, aunque algunos pudieran opinar que no hay rival fácil y que Jaguares tiene individualidades puntuales, se suponía que este rival en turno no debería haber opuesto tal resistencia y mucho menos que obtuviera semejante ventaja en el marcador al finalizar los primeros 45 minutos. Pero es que el Santos se vio infectado por un virus que al parecer, o por lo menos yo así lo pensaba, ya no existía: se minimizaron al tamaño de su rival. El local trató de mostrarse imponente, pero el visitante resultó ser una escuadra de envoltura bastante gruesa.
Lo de Crosas, pobre, si de por sí es malo, con tantos partidos sin actividad, fue degradante. Y ya, porque luego provoco un sismo. Y es que no sólo Crosas, también Salinas y todo el medio campo. Productividad cero a la izquierda, y una zona ofensiva que sufrió el mismo efecto de la Copa Libertadores: una desconexión total con la media. Cuando la media no existe, el aparato ofensivo queda huérfano, a merced de lo que puedan mendigar para cazar el balón como si de una liebre inatrapable se tratara. Caixinha se dio cuenta de todos estos detalles e hizo modificaciones, pero lo malo (percepción personal) es que al ingresar Cejas es como si siguiera sin haber solución: nunca, desde que llegó al club, le ha aportado algo al Santos. No sé a qué vino al equipo. Bueno, creo que sí sé: a cobrar bastante.
Dos resultados inesperados: que Puebla le pegara a Pachuca y que Jaguares tumbara al Santos. Resultados que movilizan la tabla de posiciones y que alteran un poco el destino un tanto predecible que ya se había medio escrito. Otro aspecto: Santo no tuvo claridad, ni para construir, ni para ofender, ni para meterle miedo a su rival… para nada. Lo único rescatable fue la jugada del gol y la buena pared Quintero – Rentería. Y se acabó. El resto fue de Jaguares y nada más.  
Me agradó Julio González. No tuvo qué hacer en los goles, pero en lo que le tocó intervenir lo hizo bien. Para nada es su culpa la derrota. Es más culpa de todos los demás. El menos culpable es él. Ni Oswaldo hubiese evitado la catástrofe. Casi final, ya con el 1 – 3, era más próximo el cuarto del visitante que el descuento de goles del Santos. Ni hablar: tal vez el peor partido del Santos en el torneo. La calificación no peligra, pero actuaciones como la de ayer dan qué pensar.