Las “chicas” del padrino

Bolt no se merecía ese final

No puedo negar que el sábado pasado estuve al pendiente de la que sería la última carrera individual de Usain Bolt en los 100 metros. El mejor velocista de todos los tiempos diría adiós y eligió el Campeonato Mundial de Atletismo, en Londres, para hacerlo.

Encendí el televisor desde la una de la tarde, cuando la final estaba agendada a las 15:45. En la semifinal me asombró la competencia del estadunidense Christian Coleman, quien entró por delante del jamaiquino, aunque éste, como es su costumbre, bajó el ritmo en los últimos metros.

Al momento de la presentación de los competidores para la final, el estadio se entregó por completo a Usain, quien en ese mismo escenario había refrendado sus títulos olímpicos de los 100, 200 y relevo 4x100 en los Juegos Olímpicos de 2012.

Bolt parecía disfrutar el momento. Los mismos rituales previos a la carrera. Concentración, confianza… Sin embargo, su talón de Aquiles, su tardía reacción al disparo de salida, esta vez le pasó factura. En la que debía ser su gran noche, la noche de su adiós, el jamaiquino partió muy tarde, su larga zancada ahora no pudo dar alcance a sus rivales. En cada paso Usain veía con desesperación cómo Gatlin y Coleman se mantenían por delante de él. Esta vez no bajó el paso ni volteó a las cámaras al llegar a la meta. Corrió al límite de su capacidad, pero no le alcanzó. Terminó tercero, un lugar al que no estaba acostumbrado en el podio. Un lugar que la grandeza de su carrera no merecía.

Algunos dicen que debió irse en lo más alto, tal como terminó en los Juegos Olímpicos de Río en 2016. Él decidió esperar un año más. Ni hablar. Pero ahí quedan sus 7 récords del mundo batidos en 100, 200 y relevos 4x100; sus 8 medallas de oro en Juegos Olímpicos; sus 11 medallas de oro en los Mundiales, y las 53 veces que bajó de los diez segundos en 100 metros.

Aplausos de pie a la carrera de Usain Bolt, el mejor velocista de la historia. 

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