Aquí, en corto…

Quien con poco se conforma, poco merece

No cabe duda que toda una semana llena de especulaciones en torno a la contratación de Neymar por parte del PSG me ha dejado varios pensamientos rondando en mi maquiavélica cabecita. Créanme mis tres ávidos y entusiastas lectores, que desde la lejanía de mis merecidas vacaciones, he tenido tiempo de sobra para leer opiniones en redes sociales, columnas y todo tipo de posicionamiento en torno a esta contratación que por fin, el pasado jueves se confirmó.

Entre tanta gente que opina unos tantos lo tildan de traidor, otros pocos más viscerales y que actúan como fanáticos enfurecidos lo tachan de mercenario; mientras que los más progresistas están de acuerdo en el derecho que tiene el jugador de contratarse en el equipo que más convenga a sus intereses y a su deseo de cumplir metas personales.

No hace mucho también leía a algunos asegurando que Jonathan Dos Santos se había vendido por tres pesos, renunciando a un inmejorable desarrollo futbolístico a cambio de emigrar a una liga que además de pagar buen dinero, no tiene el mismo nivel de exigencia que la liga española. ¿En verdad alguien puede culparlo por buscar su comodidad, incluyendo también su seguridad económica a futuro?

Entonces para cerrar con broche de oro, se nos vino el caso del uruguayo Gastón Silva, que en última instancia decidió no venir a jugar con los Pumas de la UNAM, para así enrolarse con el Atlético Independiente de Argentina. De acuerdo a la información que da el club, el contrato se había cerrado; de acuerdo a lo que dice el jugador, él nunca firmó nada. En este caso particular, los tribunales de FIFA son los que deliberarán quien tiene la razón.

En los tres casos, aquí su Charro Negro de confianza ve un factor que me parece importantísimo: la voluntad del jugador para decidir sobre su persona, su carrera y su futuro, sin permitir que nadie ajeno intervenga en esa postura. Los tres han peleado por esa opción y bastante mérito tiene que no se hayan conformado con lo que les ofrecían.

Y es que en este país estamos tan acostumbrados a tolerar este tipo de acciones por parte de los dueños de la pelota, que honestamente refresca cuando uno ve que los jugadores toman este tipo de posición, defendiendo hasta con los dientes su derecho a elegir.

Ya lo decía mi abuelita: el que con poco se conforma, tiene lo que merece.