Aquí, en corto…

Entre favoritos te veas

Estoy seguro, mis dos ávidos y entusiastas lectores, que muchos ya habíamos escrito el final de la historia sin reparar un momento en los sucesos. Fue algo así como si un juez hubiera dictado sentencia sin escuchar los alegatos o como si mi abuelita, que era bastante prejuiciosa, ya me hubiera tirado un manazo por tocar su porcelana sin notar que la había cachado cuando ella la tiró limpiando sus carpetitas de la mesa de centro.

Recuerdo que la charla en la mayoría de las mesas de análisis deportivo consistía en adivinar cuántos pepinos se iban a comer las Chivas ante la poderosa máquina ofensiva que eran los Tigres. Estoy seguro que todos calculaban la cantidad de goles que los de Jalisco podrían recibir, en donde el más recatado adivinaba un dos a cero. Todos caímos en la misma premura, menos por supuesto, los propios integrantes de las Chivas.

Almeyda convenció a sus jugadores que se puede jugar bien y hacerle frente sin temor a un equipo poderoso, pese a que todos los elementos lógicos jugaban en contra: lesionados, inexperiencia en una final, regulares resultados recientes y otras tantas cosas que los marcaban como víctimas.

Y no estoy diciendo que la exhibición de Chivas rayó en lo portentoso, pero sí lograron que los jugadores de Tigres, acostumbrados a avasallar, entraran en el ritmo que los rojiblancos impusieron. Tenían control de la media cancha e hicieron que los del norte se vieran en muchas ocasiones faltos de recursos. Tuvo que aparecer en dos ocasiones la genialidad de Gignac para que el universo futbolero restableciera su normalidad.

Algo así como si Delfina Gómez o Josefina Vázquez Mota estuvieran adelante en las elecciones y luego Alfredo del Mazo llegara rebasando como saeta para obtener un triunfo que, no entiendo por qué, la mayoría ya ve venir. Cuestión de lógica política, muchos aseguran. El caso es que aquí, su Charro Negro de confianza, ahora no ve como víctimas a las Chivas. Sin duda alguna que el juego de regreso será de pronóstico reservado.

Eso sí, nunca den por muerto a nadie, ya que del plato a la boca, los goles llegan cuando uno menos los espera y de quién menos lo creerían.

@AzconaMilenio