Aquí, en corto…

¿Paridad o locura?

Debo confesarles, mis tres ávidos y entusiastas lectores, que recuerdo con claridad haber visto mi primer partido de la NFL en 1978. A partir de ese entonces he seguido por diferentes medios y temporada tras temporada a esta la liga hasta convertirme, de un simple aficionado, a un reportero de la fuente desde hace ya 30 años.

Y quiero decirles que todo este aporreo inicial de teclas viene a colación porque normalmente yo consideré que la principal característica de la liga fue la paridad de nivel de los equipos de la NFL, en donde solo algunas dinastías de leyenda dominaban, sin embargo, el desarrollo del resto de los equipos se mantenía en un nivel de competencia parejo, que desde siempre fue el éxito del juego como espectáculo.

Así pues, en mi particular opinión, esta temporada ha tenido otras características que no han sido la constante en la NFL y que no propiamente las puedo considerar como normales.

Entonces les puedo decir que es normal que uno o dos equipos dominen cada año y se conviertan en los mejores de la liga teniendo solamente tres o cuatro derrotas. También es normal que tres o cuatro conjuntos tengan los peores números y que apenas puedan conseguir una o dos victorias por temporada. De ahí en fuera el resto de las plantillas se mantienen en un nivel muy parejo y cualquiera gana. Paridad de nivel, a fin de cuentas.

Sin embargo, este año la NFL se ha convertido en sus seis primeras jornadas en algo espectacular y que yo no recuerdo haber visto antes, desde luego si tomamos en cuenta que la primera semana arrancó con una paliza de un equipo de buen nivel como Kansas City al campeón del año anterior que fueron los Patriotas. ¡Nadie la vio venir!

Después de ese inicio, los Jefes se fueron con cinco victorias consecutivas y en la sexta jornada reciben su primera derrota a manos de los Acereros, que habían tenido un desempeño irregular con dos derrotas en cinco juegos. Mejor aún, todos esperábamos un regreso de Kansas City, pero un equipo como Oakland, que tuvo cuatro derrotas en seis juegos, le propina de manera sorpresiva la segunda derrota al hilo, tirando pronósticos de expertos y apostadores. Esto solo es un ejemplo.

¿Alguien se imaginaba que los Delfines de Miami le ganaran a Atlanta? ¿Alguien esperaba ver a los Carneros como líder divisional por encima de Seattle? ¿Pensaron siquiera en que Minnesota estuviera arriba de Green Bay o Filadelfia de Dallas? Me queda claro que este año el apostar al equipo favorito no da ninguna garantía de ganar y que la paridad se ha convertido en tema de locos. Así las cosas.

 

Twitter: @AzconaMilenio