Aquí, en corto…

La danza de los millones


Nunca he estado más de acuerdo en que toda actividad deportiva pueda convertirse en un negocio lucrativo y rentable para los que ahí invierten. De hecho, me parece un acto de justicia cualquier remuneración económica para deportistas y propietarios que destinan mucho de su tiempo, esfuerzo y dinero en brindar un espectáculo digno para los que pagamos por verlo.

Sin embargo, mis tres ávidos y entusiastas lectores –ahora son tres gracias a que alguien muy generosa y de nombre Patsy me ha hecho el favor de considerarse una lectora más- hasta para ganar dinero y fama, hay formas éticas y responsables de hacerlo.

Y esto viene a colación porque me ha tocado observar en el transcurso de esta semana, un par de casos en donde la ambición desmedida por obtener ganancias millonarias nos ha traído espectáculos por demás bochornosos y fuera de toda proporción.

Primeramente, me voy a referir a la ya demasiado publicitada "pelea" entre el ex campeón mundial de box, Floyd Mayweather y el también monarca de la UFC, Conor McGregor, que tan solo en salarios garantizados ha arrojado la impresionante cifra de 180 mdd. Así como usted lo lee: ¡180 millones de dólares!

Y es que les prometo que tengo muchos adjetivos para calificar esta ignominiosa farsa que, en tan solo tres rounds de promoción, me han hecho lamentar mi existencia en este planeta. Solo han sido tres careos en donde la arrogancia, la ignorancia y las payasadas no han tenido límite, pero han sido suficientes para que aquí, su Charro Negro de confianza, ¡se quiera sacar los ojos al carajo!

¿Qué maldita necesidad fingir morderle la oreja al rival? ¿Decir que alguien es negro de la cintura para abajo como muestra de virilidad? ¿Aventar una lluvia de billetes como muestra de poderío económico? ¿Simular una pelea entre matones guardaespaldas? ¡Patético!

Y mientras esto pasa en el box, también en el futbol se cuecen habas. Para muestra, la Copa Oro de la CONCACAF que no es sino otro concierto de bajo nivel y juegos que matan de aburrimiento, a cambio de generar un negocio que tristemente, tiene respuesta favorable por parte de los aficionados.

Me queda claro que este tema merece un análisis más profundo, por lo que ahora solo quiero dejarles esta pregunta al aire: ¿En verdad ustedes creen que merecemos este tipo de espectáculos tan deplorables?

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