Aquí, en corto…

Tan lejos de Brasil; tan cerca de Concacaf

Nadie, absolutamente nadie podría negar que la selección mexicana camina sobre caballo de hacienda hacia la fase final del Mundial de Rusia 2018, obteniendo resultados positivos en su camino. De igual forma, nadie podría cuestionar que Juan Carlos Osorio ha venido haciendo lo estrictamente necesario para que la meta se logre, independientemente, de que guste o no su método, su estrategia y su forma de jugar al futbol.

Después de cuatro partidos, con tres victorias y un empate, se supone que deberíamos estar festejando que, por fin, desde la era de Ricardo La Volpe, México no ha tenido complicaciones para ir avanzando hacia el objetivo final.

Y digo que se supone, mis dos ávidos y entusiastas lectores, porque ya saben que a mí me gusta cuestionar todo, me gusta incomodar a los aplaudidores que inflan a la selección mexicana solo porque la empresa para la que trabajan les marca línea, esto con el fin de seguir haciendo un provechoso negocio que, tarde o temprano, sufrirá las consecuencias de ser manejado como un producto mercadológico y no como parte de una estructura deportiva que nos representa.

“¡Eres un pinche amargado que no gusta de ver las cosas positivas!”, seguro dirán algunos de los pocos que se toman la molestia de leerme. “¡Vendido, chairo, hijo de José Ramón Fernández!”, me dirán otros más intensos. Pero la cosa no debe terminar así, tan fácil y campechanamente con aplausos y porras que ensalzan el acontecimiento, como si se tratara de la suspensión e investigación del tristemente célebre juez Porky.

En mi humilde opinión, se deben hacer mejor las cosas. No podemos simplemente conformarnos con ver a México jugar al mismo nivel de Trinidad y Tobago, de Honduras o de Panamá, con el respeto que estas selecciones me merecen. Creo firmemente que se tiene que aspirar a más y dejarse de experimentos chaqueteros, que terminan por reventar en la cara cuando se les ubica en su triste realidad. Para el mejor ejemplo, el 7-0 que nos propinó Chile en la Copa América.

Qué mejor modelo que Brasil, que después de dar varios bandazos, incluso siendo escandalosamente eliminado de su Mundial por Alemania, regresó al camino del jogo bonito, característica que los ha hecho grandes a lo largo de la historia.

Bueno sería para México una eliminatoria conjunta con la Conmebol en el afán de mejorar el nivel ante selecciones “de a devis”. Así no estaríamos tan lejos de Brasil ni nos afectaría estar tan cerca de la Concacaf. 

Twitter: @AzconaMilenio