Aquí, en corto…

Y ahora con ustedes: ¡La CONCACHAFA!

No sé ustedes, mis ahora tres ávidos y entusiastas lectores, pero yo no veo la maldita hora en que por fin la vida se apiade de nosotros y entonces dejemos de respirar o en su defecto, se dé por concluida esta horrorosa, lenta y patética película de humor involuntario llamada Copa de Oro de la CONCACAF.

Y es que déjenme decirles que al menos para acá, su Charro Negro de confianza, es un hecho que lo que los organizadores suelen llamar "torneo", ahora se ha convertido en un inverosímil y triste circo de tres pistas, en donde igual vemos a entrenadores jugándole al mago con pésima estrategia y nivel de juego; hasta jugadores forzados a disputar y entregar partidos infumables y más aburridos que una carrera de caracoles en pista larga.

Me queda claro que la principal razón para la realización de una competencia tan sin sentido es el aspecto económico. Me queda también claro que a la Confederación no le importa el progreso en la infraestructura o en el nivel de juego de sus selecciones, sino obtener sustanciosas ganancias que al final del camino y en alguna proporción, terminarán en manos de algunos federativos corruptos que incluso ya han sido investigados o llamados a cuentas por malos manejos. Por eso lamentablemente tenemos que soplarnos este aborrecible campeonato cada dos años en lugar de cada cuatro.

Y así como pienso que los ambiciosos dueños de la pelota no tienen madre ni llenadera, como solía decir mi abuelita, también quiero decirles que aquí tanto jugadores como entrenadores son los menos culpables. Ellos simplemente son piezas intercambiables en un juego en el que no ven sino migajas de los dineros. Aquí los dueños de clubes son los que pagan los salarios para mantener plantillas competitivas, mismas que van a desgastarse en este tipo de eventos que ya no tienen razón de existir, al menos no cada dos años.

Entonces en verdad creo que esta vez el mencionado torneo ni siquiera logró ser un éxito económico, pues salvo México y Estados Unidos, el resto de las selecciones ni siquiera tenían media entrada en los estadios. De hecho, hasta nuestra selección fue bajando de 60 mil, hasta 37 mil espectadores en el último encuentro ante Honduras. Ya ni siquiera pretender mencionar éxito deportivo, pues al menos a mí me quedo muy claro que hoy mismo CONCACAF tiene el peor nivel de competencia del mundo.

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