En la Pelota

Nadie es responsable, la estatua se abandonó sola

“Por el dinero que me pagan, jugaría gustoso dos posiciones a la vez”… Pete Rose, en 1977, cuando era tercera base de los Rojos y cobraba 375 mil dólares por toooooda la temporada.

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El vicepresidente de los Naranjeros, doctor Arturo León Lerma, ha sido muy amable al responder al clamor popular por la restitución de la estatua de Héctor Espino. Cuenta que el equipo Naranjeros mantenía en comodato el uso del viejo estadio, por lo que instalaron la estatua en 1998. Y que entre el vandalismo y unas obras de drenaje, la tumbaron. Los Naranjeros la recogieron, la repararon, la protegieron y volvió a exhibirse debidamente. Pero el gobierno del Estado de Guillermo Pérez E. construyó otro estadio y por razones que solo conocerá Perez E. no se le llamó Héctor Espino, sino Sonora, y la estatua mudada a las afueras de ese nuevo local, otra vez a merced de la delincuencia y los gobernantes. Informa el médico amigo que los Naranjeros no tienen en comodato ahora ninguno de los dos estadios, ya que ambos están en manos de la Dirección de Bienes y Concesiones del Estado.

O sea, nadie es responsable de nada, ni nadie hace nada. Pero, como ya publiqué, aquí en Miami hay un grupo ya cercano a cien personas, con dinero y entusiasmo en mano, dispuesto a ir a buscar la estatua para erigirla aquí.

José M. Vallejo O. de Tampico, opina: “En la respuesta al señor Manuel Higuera de Hermosillo fuiste muy educado y benevolente al dedicarle cinco palabras de respuesta, puesto que ese señor no tiene idea de lo que es un pelotero profesional. Cree que trabajan nada más dos horas al día, ¡qué ignorancia tan grande! Además la ciudad de Hermosillo debería de avergonzarse, ya que fue donde Héctor alcanzó las más altas metas como bateador”. 

Raúl A. Pérez, de Guaymas, pregunta: “¿Por qué odia tanto a los Dodgers?”,

Amigo Erreá: No odio a los Dodgers, ni odio a nadie. Solo digo una verdad muy conocida, y es que sus ejecutivos y empleaditos menores son unos arrogantes inaguantables.

Ma. Dolores García U. de los Mochis, comenta: “Sin ser conocedora del rey de los deportes, recuerdo que cuando Héctor Espino venía a Los Mochis, había una especie de masoquismo al ir al estadio, ya que verlo jugar (aunque perdiéramos), era todo un regalo al espectáculo, de por sí tan hermoso, como es el beisbol. En artículo escrito por Joe Reichler fechado en Nueva York el 22 de Enero de 1964, dice de Espino: “Desde los tiempos en que Beto Avila brilló con los Indios de Cleveland, los mexicanos no tenían un héroe comparable a Héctor Espino, el Mickey Mantle del sur de la frontera”.

ATENCIÓN.- Puedes leer todo el archivo reciente de “Juan Vené en la Pelota”, si entras en internet por “el deporte vuelve a unirnos”…

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Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

jbeisbol5@aol.com 

twitter:@juanvene5