Articulista invitado

La vergüenza: carta abierta al señor Martínez


Señor Martínez: como miles de aficionados de nuestro muy querido equipo León, le endoso estas breves líneas para que despierte de su letargo y pasividad que nos tiene no solo enfermos sino en cólera a los que verdaderamente amamos los colores de la camiseta. Es cierto que con su gestión, el equipo León volvió a entusiasmarnos como no lo había hecho desde 1991-1992, cuando ganó la quinta liga en la historia del fútbol mexicano. Entonces vinieron años lúgubres, empresarios infames y un largo túnel por el que ningún aficionado del León quiere volver a pasar. Es cierto que contrató a un entrenador, Gustavo Matosas, que le dio ilusión a la afición, reavivó la pasión por nuestro equipo y por el gran fútbol que antaño desplegó: le dio identidad y una filosofía institucional que cualquier jugador y entrenador que llegue al León debería respetar. Es cierto que el 12 de mayo de 2012 los aficionados del León recibimos una de las mayores alegrías de nuestra vida, un idilio que se prolongó por tres maravillosos años con un estilo de juego que hizo que muchos niños y jóvenes nacidos en este siglo encontraran en el León un equipo al cuál irle, un equipo que daba gusto verlo jugar, perdiera o ganara. Es cierto que la partida antes de tiempo de Juan Antonio Pizzi dejó huérfano al equipo, casi roto. Todo eso es cierto y todos se lo reconocemos.

Sin embargo, el hastío y la vergüenza de ver perder a nuestro equipo una y otra vez, de la peor manera, con una tercia de buenos para nada dirigiéndolo (ni siquiera los jugadores saben a quién hacerle caso: al improvisado Chava Reyes, al inexpresivo y defensivo Luis Fernando Tena que no da una sola arenga, o a su hermano, que solo calienta la banca), nos tiene muy, pero muy molestos. Jamás en la historia del equipo yo había deseado que perdiera un partido más para que su entrenador hiciera las maletas (contra Monterrey festejé incluso los goles rayados). El señor Luis Fernando Tena nunca debió haber llegado a una institución como la del León, que pregona un fútbol vital, ofensivo, alegre. Tena es todo menos eso. El León se merece respeto. El señor Tena se debió de haber ido tras la derrota contra Pumas, cuando salió a defender, a perder por lo menos posible, ante un equipo al que se le debía ganar, por el carácter y por la plantilla que tiene el León.

Desde entonces estamos peregrinando y siendo la comidilla de todos. Si su idea es regresar el equipo a la división de ascenso, está haciendo un trabajo extraordinario. Si su idea es alejar a la gente del estadio, el plan le está saliendo de maravilla. Si su idea es que como aficionado deseemos una derrota más de nuestro equipo para que por fin se vayan los Tena, usted es genio y lo hace todo a la perfección. Yo he comenzado a festejar las victorias de los rivales, pensando que es la única manera de que el equipo levante y se le deje de hacer daño: un cambio.

Pero quiero creer que aunque lleve muy poco al frente del club León, siente y quiere ese escudo emblemático. Si es así, con humildad, como aficionado del León que ha llorado descensos y ha festejado títulos, le pido que despierte de una vez por todas, que abra los ojos, que recuerde que nuestro equipo gusta cuando arma, toca, juega para adelante, como lo hacía el mítico grupo que ascendió en 2012. Y, creo que no hay recordárselo: para que ello vuelva a suceder, para que vuelva a sonar Caminos de Guanajuato, El Rey, en el estadio, se requiere un cambio de timón urgente. Se requiere que usted despierte.

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Juan Manuel Villalobos es periodista y escritor, autor de la novela La vida frágil de Annette Blanche, y del libro de cuentos, Alguien se lo tiene que decir, publicado en la editorial Tumbona; es, también, panza verde de hueso colorado.