Juan Manuel Rotter

A, B, C del Alto Rendimiento

Al ver el estado en que se encuentran algunas instalaciones olímpicas de Río de Janeiro a seis meses que terminaron los Juegos Olímpicos, retoma las críticas que la organización de estos magnos eventos, deja más pérdida a las ciudades y respectivos países, que beneficios e impacto positivo. Sin duda, los Juegos en Brasil fueron complicados desde su planeación y el país entró en una crisis de credibilidad con el gobierno y a la vez económica, situación que no se preveía cuando ganaron la sede de este evento hace más de siete años. Barcelona 1992, Sídney 2000 y Londres 2012 quizá sean los Olímpicos que hasta ahora han podido capitalizar el legado de organizarlos en los últimos años, Pekín fue muy cuestionado, pero mantiene una dinámica como organizador de eventos internacionales en las principales instalaciones, como el Cubo de Agua y el Nido de Pájaro. Atenas 2004 es quizá el caso más alarmante antes de Río, porque Grecia entró en una severa crisis posterior y sus instalaciones, además de olvidadas, pocas tuvieron un uso posterior en beneficio de la población. Tal parece que en Brasil sucederá algo similar, pues solo con ver el estado en el que se encuentra el Estadio Maracaná, icono del Mundial 2014, de los Olímpicos y de otras historias más, no cuenta con el mantenimiento y operación adecuados, una verdadera lástima.

Buscar atraer un evento deportivo internacional para una ciudad es parte de un proceso de gestión minucioso y en algunos casos complejo, con una serie de compromisos que deben cumplirse, tanto financieros, como de organización, es por ello que se tiene que plantear desde el inicio el objetivo de interés para atraer dicho evento. Promoción de la ciudad a nivel internacional y atraer turismo pueden ser parte de esos objetivos, desarrollo de infraestructura y crecer la base de niños y jóvenes practicando el deporte en cuestión, es otro, potenciar la industria del deporte en el país es uno más; sin embargo, el hecho es que en muchas ocasiones no se establecen estos objetivos y solo se asumen los compromisos, se llevan a cabo los eventos y no se le da el debido seguimiento cuando terminan, para capitalizar al máximo sus beneficios.

Como mínimo se consideran dos años para el proceso de selección de sede para un evento internacional, los más grandes y relevantes son de cinco a siete años, un aspecto que se debería poner en práctica con nuestros organismos deportivos, para seleccionar las sedes de campeonatos nacionales o la misma Olimpiada Nacional, para dar oportunidad de planear mejor y ofrecer mayor calidad en sus Comités Organizadores, en beneficio de los atletas, para un mejor desempeño y garantizar crecimiento.

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