Juan Manuel Rotter

A, B, C del Alto Rendimiento

Al parecer el tema de Paola Pliego, esgrimista seleccionada nacional que fue sancionada temporalmente por un supuesto dopaje, generará más polémica en los próximos días, semanas y quizá meses, sobre todo en lo que se resuelve el proceso legal que inició desde el momento que fue informada de su situación, la cual le marginó de participar en los pasados Juegos Olímpicos. El laboratorio nacional acreditado por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), que opera la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) analizó la muestra A, en el que se reportó una sustancia prohibida (modafinil) y la atleta, junto con su equipo de abogados, piden el análisis de la prueba B en su propio derecho; sin embargo, según explicaron, inconsistencias en el proceso llevaron a que la Federación Internacional de la especialidad (FIE) solicitara analizar de nuevo las pruebas en el laboratorio de Alemania, del cual según explican, salió limpio, sin rastros de la sustancia referida en el control realizado en México. La FIE ha decidido levantar la suspensión y ésta deberá ser avalada por la WADA para cerrar el proceso técnico, pero el abogado de la atleta dejó entrever que habrá más que seguir.

Básico resulta desde mi punto de vista, que la Conade delegue la operación y responsabilidad de su laboratorio antidopaje a una instancia autónoma, como lo podría ser la misma Universidad Nacional Autónoma de México, siendo ésta una de las principales recomendaciones que ha realizado la WADA para mantener la acreditación. Como organismo responsable de regir las políticas públicas, la Conade podría perfectamente seguir otorgando recursos para su operación, pero sin la responsabilidad directa de llevarla a cabo, eliminando con ello ser juez y parte, que aún y cuando se realicen las cosas con la mayor transparencia y efectividad, no deja de ser una labor que debería ser delegada en otra instancia. Para la UNAM u otra institución podría representar además una oportunidad académica de investigación y desarrollo, entre otras posibilidades.

Con muchas preguntas nos quedaremos estos días, mientras se resuelve la parte técnica y la legal, que ha emprendido la atleta junto con sus abogados; sin embargo celebro la posibilidad real de que se levante la sanción, sin dejar de lamentar lo sucedido, pues haber quedado fuera de unos Juegos Olímpicos es sin lugar a dudas, lo peor que le puede pasar a un atleta, más aún en esas condiciones, situación que no se podrá resarcir, pero que por lo menos pronto podrá regresar a competir y enfocar, como lo ha dicho, su meta hacia Tokio 2020. Hasta ahora, me parece esto un ejemplo de valor y apoyo legal para hacer justicia, que en el país y en el deporte hace mucha falta. ¿Ustedes qué piensan?

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