Juan Manuel Rotter

A, B, C del Alto Rendimiento

Ante la problemática que se suscitó con respecto a los trajes de baño de la nadadora Fernanda González el pasado miércoles, aprovecho mi colaboración para exponer mi opinión al respecto. Como antecedente, el Comité Olímpico Mexicano convino con una marca reconocida, y la atleta cuenta con otra igual, pero de manera individual, misma que es preferida por ella para sus competencias más importantes, situación que tuvo a la atleta cerca de ser retirada de los Juegos, por expresar ante los medios su molestia e inferir imposición. Ambos lados tienen algo de razón y a la vez me parece lo contrario, vayamos por partes.

Beneficiar al atleta debe ser la principal motivación para negociar un patrocinio deportivo, buscando satisfacer las necesidades para competir en este tipo de eventos, además de tener una imagen como país, relacionada a los uniformes. Estoy convencido que el COM buscó las mejores negociaciones posibles, sin embargo, en mi particular punto de vista, el traje de baño, si bien es una prenda, no debe ser tomado como parte del uniforme, es un implemento deportivo, que influye positiva o negativamente en el desempeño del atleta, es como los tenis o spikes en los corredores. Lo anterior pudiera parecer exagerado, pero si nos adentramos al desarrollo tecnológico que han tenido estas prendas, con todo tipo de estudios y de hecho sancionadas en años anteriores por provocar un incremento en la cantidad de récords mundiales impuestos, se podrá entender mejor. Estados Unidos y otros países han enfrentado este tipo de problemáticas con sus atletas élite y han logrado acuerdos en beneficio de ambas partes, donde las marcas tienen la presencia en uniformes externos, otras plataformas y los atletas pueden tener la libertad de usar el traje de baño que les dé comodidad, seguridad y sensibilidad en el agua, para su mejor rendimiento, o el que prefieran simplemente. En Toronto, el equipo de Estados Unidos cuenta con hasta cuatro marcas para sus seleccionados.

Con respecto a la marca, entiendo perfectamente la estrategia implementada, tener un arreglo directo con la organización que ostenta los derechos para el evento y evitar exposición de otra marca, por lo menos en los atletas mexicanos. Habrá sin duda muchos atletas beneficiados, sin embargo, los antecedentes y la estrategia comercial implementada en países desarrollados y potencias del deporte, hace ver que más que un beneficio directo al rendimiento del atleta, se convierte en un sentimiento de imposición, provocando recurrentemente situaciones de descontento. En lo personal me inclino al modelo que sigue Estados Unidos, en él todos ganan. ¿O ustedes qué piensan? 

 

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