Juan Manuel Rotter

A, B, C del Alto Rendimiento

A punto de que se terminen los Juegos Olímpicos de Sochi en Rusia, nuevamente se abre un debate creciente a nivel mundial: los naturalizados. Para México no es un tema menor, sobre todo en el futbol, donde ya se ha tenido representantes en Copas Mundiales de jugadores nacidos en otro país. La pregunta obligada en este tema siempre es: ¿Hasta dónde es válido que un atleta no nacido en un país lo represente en un evento deportivo? Sin duda, hay más de una respuesta y la más indicada si fuera juego de Maratón sería: “Depende”. Desde mi punto de vista, ya que quizá su traslado tuvo que ver con otros factores más allá del deportivo y su desarrollo ha sido en el país de naturalización y no de nacimiento. Sin embargo, estoy en contra de que la ciudadanía juegue un peso específico de reclutamiento basado en resultados de corto plazo y no como parte de un modelo de desarrollo. Un ejemplo de lo anterior se acaba de vivir en Rusia, con el atleta Victor Ahn, quien ganó medalla para los locales en pista corta de patinaje de velocidad, siendo que en 2006 se llevó tres oros para su país de nacimiento. Falta de apoyos fue la razón para salirse y la opinión pública criticó más a los dirigentes del deporte de su país que al propio atleta.

Básicamente, el reclutamiento de talento es una práctica mundial y lo podríamos bajar hasta de nivel nacional, ya que en el evento más importante que promueve la Conade, que es la Olimpiada Nacional, ha tenido momentos críticos y de controversia con el intercambio de deportistas que viven en un Estado y que representan a otro, buscando el apoyo que no obtienen en sus respectivas entidades, entre becas, uniformes, material deportivo, y lo más importante, pagos a eventos y competencias de preparación, así como las más relevantes para alcanzar un desarrollo que les permita finalmente integrar una selección nacional. Lo anterior puede ser visto desde todos los ángulos, positivo para el atleta y negativo para la entidad que deja de representar, lo cierto es que siempre generará en un sector de la opinión pública un malestar y un sentimiento a favor de reglamentar dichos cambios para que no se den.

Consensuar el tema “naturalizados” hacia uno y otro lado me parece labor más que imposible, pues en ciertos casos hay muchos beneficios y en otros actúan en perjuicio de quienes han invertido realmente en su desarrollo. En lo personal, pienso que desde todos los niveles, estatal, nacional e internacional debe existir una real preocupación de desarrollar a sus talentos, cuidarlos y hacerlos crecer hasta el máximo potencial, evitando se fuguen y que al final el éxito lo compartan con otros, complicado lo sé, seguirá siendo tema. ¿Ustedes, qué piensan? 

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