Juan Manuel Rotter

A, B, C del Alto Rendimiento

Algunas ocasiones me he enfrentado a discusiones con colegas en los medios de comunicación y con algunos dirigentes deportivos sobre la relevancia de ser anfitrión de eventos internacionales. Los que se oponen, lo hacen principalmente por los altos costos de organización y porque no existen indicadores objetivos y reales del impacto en la sociedad, tanto como audiencia a nivel de espectáculo deportivo, como en los jóvenes que practican la disciplina en cuestión, por la motivación que les puede imprimir el observar en vivo a sus referentes a nivel nacional y a otros grandes atletas de talla internacional; reconociendo que existe la ventaja deportiva de local y que esta puede permitir un mejor resultado para los atletas nacionales, con respecto al mismo evento en otro país.

Basado en lo que sucedió el fin de semana con el Preolímpico de voleibol, donde las autoridades del deporte en el país, Conade, el Instituto del Deporte de la Ciudad de México, en coordinación con la Federación Nacional del deporte respectivo, lograron las gestiones para que se llevara a cabo en nuestro país y no en otro de los que participaron por un lugar, pienso que es un ejemplo innegable de cómo estas decisiones pueden beneficiar el resultado deportivo y capitalizar al máximo sus costos. Es difícil saber si México hubiera logrado el mismo resultado en Túnez, Chile o Argelia; sin embargo, hoy que se consiguió el boleto histórico para asistir a Juegos Olímpicos, se debe reconocer la suma de esfuerzos, tanto de los gestores deportivos, como del cuerpo técnico y de los jugadores, siendo estos últimos los responsables en potencializar sus oportunidades, lo cual hicieron y hoy podemos festejar.

Claramente este ejemplo se suma a otros exitosos en el pasado, como los Juegos Olímpicos del 68, que aún son la mejor participación del país en este tipo de eventos con nueve medallas, los Panamericanos del 2011 y otros tantos. Lo cierto es que también hemos tenido fracasos de organización y malos manejos, dejando de lado los aspectos positivos, con otro tipo de intereses que poco tienen que ver con la razón de ser, que es la promoción, difusión y crecimiento del deporte a un alto nivel. Para todo debe existir un equilibrio, ni todos los eventos, ni ninguno; planeación y aseguramiento de la calidad, con objetivos claros, para que se produzcan más resultados como el que vivimos el fin de semana. Enhorabuena para los involucrados. ¿Ustedes qué piensan?

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