Reseña

El tren del Hexagonal llega a Rusia

No hagamos fiesta pero tampoco velorio. Los rezos de Osorio no funcionaron del todo. Su oración personal es dedicada en agradecimiento a que nuestra zona geográfica es maravillosa. Sabe que hay un cómodo tren llamado CONCACAF que llega a Rusia por eso la felicidad de Osorio es enorme. El colombiano va a cumplir lo que, por ejemplo, no pudo hacer “Chepo” de la Torre.

No pretendo comparar. Sólo se busca no perder memoria para acordarnos. La Felicidad de Osorio es enorme. Ha hecho lo que ha querido, aplicó lo que le vino en mente.

Supo conformar un puñado de excelentes jugadores, iguales en calidad a la de varias generaciones atrás, que han sido eliminados de una u otra forma en cualquier competencia seria, sin importar la fase.

Hay un tren que parte de América, casi latina, y llega a Rusia. Así de fácil. No nos hagamos bolas ni nos mortifiquemos tanto. La Selección de Osorio es idéntica a otras. No hay ninguna diferencia, aquí no hay novedad.

No hagamos santos a los que rezan pero luego insultan a entrenadores rivales o encaran al cuerpo arbitral. Esas mañas, posturas y costumbres, se creían superadas. Otra vez lo mismo.

Estar en el próximo mundial es evento de diversión no de competencia. Para entendernos mejor; ir a Rusia en el 2018 es como recibir (adelantada) la invitación para la boda de Antonella con su amigo de infancia. Es un lujo.

Pero si Osorio desea seguir dirigiendo, ahora debe rotar sus conductas personales. Sus códigos de ética (rezos e insultos, juntos) no son el tren que lo llevarán a Rusia.