Reseña

El que pretenda ser campeón, requiere suerte

Siempre, para llegar a ser campeón, algo divino o muy humano (tengo serias dudas) necesita ayudarle a quien a la postre levantará la gran copa. Anoche en Querétaro, al minuto 38, a Santos se le aparecieron todas las vírgenes junto con los duendes para avisarle y obsequiarle, en primera instancia, que lo acompañará la bendita y graciosa fortuna. La falla de Cosme, frente a la portería vacía y sólo con Abella como tibio guardián, es la señal. No hay duda.
Antes de eso, ya ganaba Santos con soberbio golazo de Quintero. Después, más duendes sueltos, más regalos a disposición de los laguneros y más mérito de Darwin, al anotar el segundo cuando el portero rival se vistió de Santoclós, se le regaló a Peralta, quien con plena ubicación de la vida, del momento y saturado de generosidad, dispuso que otra vez el colombiano la metiera.
Parecía que a Santos le adelantaban la Navidad o las hechiceras se pusieron de acuerdo para congratularse con un predestinado. El tercero (con Quintero en el aporte y apunte) fue lindo porque Escoboza la hizo mayor. El drama de todas las liguillas tenía que aparecer como obsequio letal aunque no fatídico. Querétaro hizo dos goles en un minuto. ¿Algo más estrujante que narrar? Es la belleza de nuestras liguillas. Es el evento que brinda oportunidades a todos para gozar. Siendo parejos, sólo los cruzazulinos no gozaron algo digno. La suerte no los quiere.
Regresar a casa con victoria, distingue a Santos. Es el único de los cuatro primeros que se trajo tal satisfacción. Al que no le gusten las liguillas, que se largue a otro país. Estos Cuartos de Final nos regalaron 18 goles; sólo el cemento no anotó. Y se consigna lo mismo para recordar cosas bellas. Para ser campeón, se requiere suerte. Santos la tuvo anoche con la monumental falla de Cosme, Es un aviso gracioso que es necesario apreciar, agradecer y resaltar. El campeón necesita ayuda celestial.