Reseña

Nuestro país es mágico

El futbol mexicano, al igual que el país, es mágico. Todo se da, todo lo tenemos, nos faltan muchas cosas, vivimos, progresamos, nos estancamos, todo se puede y cualquier situación, por novedosa o imposible que parezca, puede suceder. Estar instalados en la zona geográfica que nos pertenece es una gran bondad, enorme delicia que suena a mágica. Ir a cualquier mundial se convierte en rutina que se debe cumplir.

A nivel de clubes, la magia aparece hasta con asombro. Las Chivas, populares, queridas y con simpatías gratuitas, apenas acaban de ser campeones después de 10 años y medio de no serlo. Esto suena a magia. El dinero de cada institución hace magia, compra cascajo y se le admira. Las organizaciones adquieren a diestra y siniestra, se arrepienten, para volver a hacer lo mismo al semestre siguiente. Y ni quién les reclame sus manejos financieros.

¿Acaso no es mágico esto? Tenemos un entrenador nacional (otro) que ha pisoteado códigos de conducta normal, y no ha sido reprendido en lo más mínimo cuando se supone que es el primer obligado a dar buen ejemplo. Hasta podemos deducir, según las actitudes corporales de Osorio y Decio, que la relación entre ellos, no es sana, sin embargo, subsisten mágicamente en aras de la paz y de estar en el mundial.

El futbol mexicano es mágico porque sin ser de primer nivel, genera ganancias fuera de toda proporción. En el terreno normal de los negocios, los manejos que se hacen no alcanzan para ser tan exitosos, sin embargo tienen la capacidad de vender caro lo que vale menos. A los clubes se les exige tener oficialmente equipos en edades menores pero se les impone una ley donde cualquier extranjero (sin calidad) puede actuar. Esto es magia.