Reseña

Con miedo, precaución y cautela se debió ganar

Las dos goleadas descaradas recibidas con derrotas a cuestas, provocaron profunda meditación. Perder por tercera ocasión consecutiva hubiera sido maldición. La reflexión llegó, el entusiasmo cambió, y la formación aparentemente “rara” apareció. Una línea de 5 atrás, jamás vista, se hizo presente, confiando en que los demonios adelante causaran suficiente daño. Así sucedió.No recibir gol era la consigna principal anoche contra Tigres. El cero en la portería era urgente después de los 8 goles recibidos. La velocidad de Rentería y Quintero, más la exacta ubicación de Orozco, entretuvieron a unos Tigres muy frágiles y sin capacidad ofensiva. Lo que en apariencia era para aguantar, se convirtió en latigazo, chicotazo, para sorprender cuando la chispa brotara o para cuando menos lo esperara la casa.Y aconteció, porque Quintero entre tres pone el gol entero para que Orozco lo firmara. Guerrón hizo lo propio para que Lugo la metiera. Los goles del partido se parecieron. Pero después, los laguneros, con la misma formación pero con tres demonios al frente, debieron haber ganado, mientras Tigres se acercaba con más miedo que convicción. El diseño y parado del equipo verde, jamás se había usado. No fue variante, fue precaución, miedo, cautela sin perder la consigna de atacar con velocidad, confiando en las capacidades individuales.No hubo ganador, pero debió haber sido Santos porque fabricó tres muy claras de gol, y Tigres sólo una. Si le anularon un gol a los amarillos, fue por falta de inteligencia de Guerrón. El punto, en apariencia, sabe a poco. Lo que más agradable sabor deja es que se hizo algo muy pensado para no perder y para sorprender. Ambas cosas se lograron, aunque no se haya ganado. La velocidad impuso condiciones, la sorpresa dinamitó a los amarillos. La victoria fue de nadie, el triunfo moral lo consiguió Santos.