Reseña

Cuando mejor jugaron, se trunca la ilusión

Encrucijadas de la vida se pusieron de acuerdo. En la misma fecha, no podían perder los tres equipos capitalinos; imposible admitir eso. Sin embargo, Santos ofreció su mejor actuación de visitante en lo que va del torneo, se quedó con uno menos y actuó todavía mejor.

Debió haber empatado, de hecho lo hizo pero no la vieron ni se la valieron, aunque la televisión haya mostrado que sí entró.

He aquí los enigmas de la existencia que el futbol concede para comprender menos los sucesos, pero cuando eso acontece, más nos sorprendemos. La derrota (inmerecida) trae consecuencias a las ilusiones.

Si la intención era lograr una racha, y los ingredientes se pusieron a la orden del espectáculo, lo primero que debo hacer, es felicitar y agradecer lo que ayer brindaron en la capital del país.

El palo, el portero rival, la falla, el árbitro, todos se aconsejaron para hacer que Santos no triunfara.No hubo mala voluntad ni consigna perniciosa. Se apareció lo mismo que la vida exhibe; aciertos, errores, omisiones del juez, malos entendidos, confusiones, vivencias contagiantes que hacían creer en la reingeniería lagunera.

En términos prácticos (no aritméticos) esto ha terminado.

La dignidad con la cual se actuó ayer en el Distrito Federal, liquida una factura pendiente pero no pone el saldo en ceros. Pudiera servir de buen ejemplo, estilo sinodal, para replantearse estrategias organizacionales y acordarse al detalle de esta actuación dominical.

Es justo conservar lo provechoso, sacudir entornos no vivificantes y comenzar de nuevo. No se trata de tirar la toalla por adelantado. Es tema medular saber revalorar aunque la ilusión esté por fenecer.

Del juego en sí, es necesario ratificar la importancia de la generación de opciones claras y manifiestas de gol, para destacar, al menos, que se luchó, hubo pelea digna, el futbol apareció con creces, el gol se presentó aunque no se apuntó. Incómoda forma de perder la ilusión.