Reseña

La marca llamada Concacaf

Aquí vivimos, de acá somos, a esta zona geográfica pertenecemos. Es lo que hay y lo que tenemos. Ni modo de irnos a Bolivia, a Dinamarca, a Senegal, Korea, Australia o a la Patagonia. Orgullo nos debe dar.

En la Confederación nuestra se organiza un torneo entre países con la mala o buena calidad que se posee. Es nuestro futbol, compitiendo contra nosotros mismos. Costa Rica, USA, México, Honduras, Canadá, El Salvador, Panamá, el que más guste usted. Formamos una gran familia que sabemos divertirnos a nuestro estilo, gusto y preferencias. Al que no le agrade que se vaya a Suecia, España, Argentina, Perú, Camerún, China, Arabia. A donde lo acojan y le den albergue.

América, Querétaro, Tigres y Santos representan en este momento a nuestra geografía, si al señor Trump le da en gana concedernos el respectivo permiso. Las semifinales muy nuestras, mexicanas y concacafianas, son nuestro regocijo para entretener al que se acerque. No importa hoy el Atlético de Madrid, el PSV, el Barcelona, el City, la Roma, o el irreal Madrid. Ellos, que con su pan y chocolate se la coman. Es su asunto, su diversión o su lloriqueo. Nosotros tenemos el nuestro, y a mucha honra.

Las marcas, comerciales o no, son importantes. Son la prolongación de toda una filosofía de vida de una empresa. Concacaf es atractiva por su pobreza, por los contrastes de riqueza y bienestar. Es la confederación codiciada para abusar, hacer trampa (favor de preguntarle a J. Blatter) regocijarse, hacer todo mal y que nada pase. Es la dicha convertida en pecado; la traición salvadora; el arrepentimiento divino.

Es magia, dolor, impunidad, corrupción y de repente buen futbol.Si algún año (2010) África tuvo su mundial y casi todos contentos, sobre todo los españoles, hoy estamos dichosos en la Capital del país, en el Desierto, en el Cerro de la Silla y en los arcos de la Colonia.

Cuatro mexicanos con marcas simbólicas, que han penetrado y gozado de todo. Ninguna se puede quejar de mal trato. Las marcas le han respondido a su gente y correspondido a nuestro país. Benditas esas instituciones que dentro de su peculiar definición, viven, son grandes, contagian, gozan y están felices dando ejemplo.