Reseña

La investidura de Lavolpe contra Santos

Ir de visita, a donde sea, por sí solo, es una odisea. El campeón se tropezó consigo mismo en la fecha inaugural, por lo tanto tiene la intrínseca obligación de reponerse a sí mismo, sin ayudas ni excusas. Pero acude a Chiapas donde suele irle bien aunque ahora muestra otra investidura, la de Lavolpe, que no juega pero se supone aporta ideas sustanciales para reedificar durante el partido.

No se trata de exhibir un poder falso o tentador, es referir a alguien que creemos posee la capacidad de influir, que no asusta pero algunos todavía le acreditan poderes inexistentes.

Lavolpe goza de buena reputación y él es el primer enemigo a vencer, mañana. Sin Jorge, el sustituto natural es Orozco, y ahí podrá haber ventaja. Sin Agustín, el encargado es el joven que ya ha mostrado virtudes. Aldrete en duda, es la versión de incógnita.

Las modificaciones naturales se prestan a cambiar y a entregarle otro tipo de confianza al sustituto.

Esto siempre otorga nuevos bríos y distintos beneficios. Es como escudriñar algo nunca intentado, y suele acarrear gratos placeres. Muchas veces la idea fija de un entrenador se modifica gracias a la obligación de hacer cambios, y suele atraer novedades positivas no buscadas ni pensadas. Podrá ser la ocasión para diseñar algo extraño que pueda resultar más eficiente.

Sería prematuro afirmar que mañana hay una prueba de fuego para el campeón pero se pudiera considerar así porque en casa perdió.

Se supone que Ricardo Antonio, con nueva investidura mortal, normal, buscará la manera de recobrar su imagen que entre el antiguo tricolor y la podóloga, perdió, y no dejó en claro su real valor. Dirige a un equipo no campeón y más que del montón. He aquí su peligrosa intención porque la conciencia funciona, y tiempo después de estar lejos de los reflectores, intentará aparecer con nueva investidura.