Reseña

Lo no imposible

Mañana, o desde ahora, salen a jugar las variables, la aritmética junto con la estrategia, la inspiración al lado del orden, el desorden permitido por la osadía que se necesita y la exigencia por cumplir algo que en principio no es imposible, pero requiere riesgo. Santos es capaz de anotar dos, pero se presume que no es capaz de conservar su meta en cero. Si esta premisa se admite, entonces va a requerir anotar cuatro. ¿Nos entendemos?
Para que Santos esté en la final, casi será necesario lo de siempre pero sin hacer lo de siempre porque Abella no ayuda a la ofensiva, Pedro prefirió a sus “comprometidos” Calderón y Cejas, en vez de Rentería, la defensiva es floja, a Figueroa le ganan todos los balones por aire en su propia área, a Lacerda se lo llevan con sencillez, y le podemos seguir en la enumeración de los defectos personales o colectivos. Incorregibles muchas actuaciones, o al menos el encargado no ha podido mejorar a sus dirigidos.
Pero, ayer, y desde el miércoles al término del partido, un sector de la afición está muy molesta con los cambios de Pedro en Pachuca, pero más por sus declaraciones. La interpretación de la gente es que culpa a Peralta y Quintero, describiéndolos como “jugadores vulgares”. Daniel Silerio (aficionado) suplica que “no den la remontada” en descargo de las incongruencias de Pedro. Esto es grave, muy grave. Que un aficionado prefiera la eliminación de su equipo para no seguir soportando al entrenador, es para tomar medidas serias, ya.
La aritmética podrá cuadrar, la intensidad podrá estar a tope y superar a Pachuca. Lo que parece no tener remedio es la antipatía hacia las declaraciones, posturas y decisiones de Pedro, por parte de un amplio sector de la afición. Con esta real irrealidad, Orlegi tiene patrón. El patrón del dueño se llama Pedro. Esto es síntoma de falta de liderazgo institucional, que en nada favorece al equipo, y menos agrada a la afición. Lo posible es la remontada; lo imposible es la modificación de conceptos.