Reseña

La fiesta grande

La liguilla mexicana es una fiesta. Al que no le parezca la forma de acceder a cualquier postemporada, y siempre le busca complicaciones, pues que se vaya a otro país y que disfrute en otro lado.

En México se establece como sabemos, lo hemos gozado y sufrido desde hace muchos años, y no hay razones para cambiar. La liguilla es obscena porque algún equipo bien portado, tropieza, y eso es gratificante, morboso, deleita. Obvio, alguno sufre. León ya empezó a sufrir.

La fiesta grande sabe hacerse presente en diferentes lugares geográficos. La ciudad de Guadalajara gozó el torneo pasado; ahora se ha quedado sin nada. En Monterrey suelen repartirse un lugar, o hasta quedarse con los dos. En La laguna, gracias al Santos, nos hemos acostumbrado a disfrutar.

Pero en ocasiones (viendo diferente el tema) es sano no tener liguilla, para apreciarla a distancia y tener la capacidad de gozarla de nuevo, cuando se presente.Lo pecaminoso de cualquier liguilla es un distintivo que es necesario saberlo saborear. A todos nos agrada ver sufrir a algún equipo. Otra vez, el León de hoy.

No digamos que no, por favor. Si América, por ostentar el maravilloso #6, se atreve a darnos la total sorpresa, se le deberá aplaudir con fuerte ovación.

Si los tres primeros en la tabla general de hoy (Pumas, Toluca y León) no son campeones, uno de ellos, se romperá un designio numérico que ha sabido tener palabra.Es benéfico tener a Lavolpe contra Ferreti de inmediato. Es grato que Reinoso se atreva enseñarle algo a Memo Vázquez.

Es curioso saber si Cardozo es capaz de ya no llorar tanto, o si Marini le indica el camino del calvario. Es justo que la fiera derroque al presupuesto, o que el humilde Ambriz saque sus mejores galas.

Los jugadores son los que tienen la única palabra, no sólo la última. Ellos, con sus capacidades más los imponderables, harán campeón al nuevo monarca. Sepamos distinguir lo bello de nuestro futbol.

Gocemos la fiesta grande.