Reseña

Sin extranjeros ni naturalizados

Veo, leo y percibo a la prensa nacional muy efusiva. La comprendo. Los clubes deben estarlo también. Los federativos festejan, no sé qué conquista celebren más; la de ir a Rusia o a Río de Janeiro. Los más jóvenes mostraron mejores virtudes en sus cuatro juegos.

Los “grandecitos”, incluyendo al “Chicharito”, embelesaron a los ingenuos. ¿Será el momento de reparar daños? Es la ocasión para quitar, despedir, “correr”, deportar, a tanto extranjero inútil que le quita muchos puestos a los mexicanos que lograron boletos apreciados.

Parece que el nuevo jerarca de la Liga Mexicana (no extranjera) pretende entender la molestia de soportar tantos extranjeros que no estuvieron en los partidos del sábado.

Los no mexicanos no aportan diferencia por sí solos.

Le quitan muchas oportunidades a los nuestros, a los que pusieron contentos a toda la prensa y directivos desconocedores.

Bienvenidos los mexicanos que saben ser colectivos y sufren desprecios de sus mismos jefes. El “embarradero” de dinero al contratar extranjeros, agrada a los implicados porque producir mexicanos demanda otro tipo de trabajo que muchos no saben hacer.

Tigres, dirigido por el “Tuca” (para no ir tan lejos) no sabe producir, y lo que logra a cuenta gotas (Pulido) lo desperdicia. He aquí un ejemplo de nuestro malinchismo barato. Al brasileño hecho en México lo alaban por derrotar a los vecinos, pero en su club provoca derroche y caos.Benditos mexicanos que aguantan, sufren y son humillados al tener en nuestra misma patria, tantas plazas cubiertas por ineficientes extranjeros, jugadores y entrenadores.

Bienvenido Juan Carlos Osorio quien ya de entrada tiene al país en contra.

El colombiano es lo mismo que el “Profe” Cruz, Galindo, Guzmán, Quirarte, Arias, Tena o “Chepo”. Si usted se da cuenta, en esta leve lista, están entrenadores mexicanos y campeones en algún momento.

¿Cuál es la diferencia con Osorio? Invitemos a más mexicanos a nuestro futbol, y deportemos a extranjeros que sobran, que venden humo y son protegidos por los dioses de la ignorancia.