Reseña

El drama de otras veces, por fin tuvo justicia

Tal pereciera que América no se presentó ayer en el estadio local. Estuvo para que jugaran con él. Insólito el lugar que ocupa en la tabla general. Otra vez, Santos fabricó, llegó con soltura, se atrevió a jugar mejor pero no la metió en el primer lapso. Una vez Marchesín y en otras las condiciones defensivas, hicieron que las acciones con opción clara y manifiesta de gol que los laguneros fabricaron (fueron 3 al menos en los primeros 45 minutos) no saludaran las redes.

Si alguien estaba cansado de comentar, escuchar o leer lo mismo de todo el torneo, respecto al buen accionar de Santos, pero sin quedarse con los 3 puntos, deberá entender que no era culpa de nadie. Anoche, el drama incómodo de otras veces, por fin tuvo justicia. Lo que antes había sucedido, fue real, molesto, pero no era justo. Los merecimientos del Santos según sus actuaciones eran para cosechar más.

Y fue ante América con angustia incluida, donde se vino dando la justicia que se reclamaba. El futbol se acordó de ser leal. América sin capacidad de ofender e incapaz también de organizar un avance decente. Todo en ellos es esfuerzo, lucha, esmero: cero futbol productivo. Peralta y su magia aportaron la dosis de angustia que Santos siempre ha requerido. Entre los dos contenciones laguneros (Rivas y De Buen) más un imponderable, las injusticias se desviaron.

El premio a 15 fechas bien jugadas no podía quedarse en un armario arrumbado. Incluyendo la derrota ante Pumas. Anoche, sacaron la casta, se crecieron a tanto castigo de empates inmerecidos y se regocijaron enfrente del América, para que sepa más grato. Muchas veces dije (dijimos) que los méritos estaban exhibidos. Por fin, la vida se acordó de regresarle al Santos, la felicidad, que tanto drama le había negado.