Reseña

¿Le creemos al Tricolor de Osorio?

Semana crucial para México. Se pensaba que el camino del Tricolor iba a ser tortuoso, y ha sido todo lo contrario. No es conveniente recordar palabras sabias o venenosas, aquellas de “clasificaremos caminando”.

Eso, aparte de haber sido una forma de verdad, sonó a burla, pero se logró con holgura. Parece que hoy, la situación es muy semejante.

Todo les ha salido bien, más que bien. Osorio ha cumplido con un discurso elegante, diferente, conmovedor y efectivo.

Honduras y Estados Unidos son la ocasión propicia para continuar, rematar y terminar. No es mucho solicitar, es simplemente imaginar que el paso actual tendrá su propia secuencia y calificará, probablemente para el próximo lunes.

Aquí no se trata de humillar a los otros cinco países.

Cada quien tiene lo suyo, unos para bien y otros para muy mal. Hoy, el nivel de expectación es alto y seguro. Podrá ser incómoda la situación pero los aprendizajes otorgan certeza.

Los jugadores mexicanos, cualquiera de ellos, han sido bien evangelizados por Osorio y ellos aceptaron el mensaje convertido en reto comprometido. La calidad de muchos ha estado puesta al servicio del juego, con orden y disposición.

Si alguno no participa, sabe que al siguiente cotejo tendrá su momento. Esto les ha agradado porque las rotaciones han traído alegrías compartidas. Sin excesivas confianzas, los dos siguientes partidos deberán servir para consolidar el buen momento. No se avecinan nubarrones; todo podrá pertenecer a los imponderables, aunque la certeza total no cabe. Existen razones para creerle al Tricolor de Osorio.