Reseña

En la carnicería no venden cigarros

En la política no encontramos castidad. Las religiones pretenden no dañar. En la FIFA no hay honestidad. En los bancos suelen velar por el beneficio de sus inversionistas. Los mercados intentan satisfacer las necesidades de los distintos clientes. En la carnicería no encontramos cigarros.

En el futbol de cualquier latitud, no hay congruencias. Un chileno, eficiente pero borracho, arriesga su vida, se altera y luego llora pidiendo perdón.

El político pregona la verdad.Miguel Herrera, en el juego de la lotería de nuestro tricolor, alienta, se entusiasma, protege su perfil, se asoma a la verdad, predica lo que le conviene, algo le alcanzamos a creer, lo otro lo dejamos al beneficio de la duda, vende carne en el mercado pero intenta infiltrar cigarros de dudosa calidad. Es el intercambio de siempre de verdades envueltas en mentiras y mentiras vendidas como verdades absolutas.

Es la aguja encontrada en un pajar, sin saber realmente para qué sirve.Lo que hoy le suceda al tricolor en la Copa América y sus consecuencias (calificar o no) son los cigarros, la carnicería, la verdad completa, la mentira absoluta, la enmienda a lo despreciado, el interés hecho añicos, la soberbia en su apogeo, la pérdida de la confianza en dos semanas o la excelsa manifestación de lo nuestro de cada día. Es la castidad del burdel, la honorabilidad de la cárcel, la injusticia del hospital y la reconciliación en el confesionario. Lo que hoy suceda; ya lo sabemos.

Sublime o fatídico, cruel o sagrado, trágico o celestial.

El Santos campeón de hoy, anduvo vendiendo cigarros en la carnicería durante el torneo pasado. Vendía cigarros de boca en boca. Prefirió culpar a los árbitros que enmendar sus errores. Pensó eliminar al entrenador que resultó ser campeón.

La carnicería no era el mercado propicio para la venta de humo. Los dioses intervinieron y todo se colocó en el lugar sagrado. Se respetó a la carnicería y su olor para no contaminarla con lo que es capaz de producir cáncer.