Reseña

Se brindaron y merecieron ganar

Aunque la angustia de perder siempre estuvo presente, también estaba latente la posibilidad de ganar. Juego preciso, precioso, rápido, entusiasmado, contagiante, como si estuvieran al nivel del mar, sin sol, todo propicio para que Diablos y Santos se dejaran jugar, y lo hicieron. Se les agradece y felicita. Siendo estrictos en el conteo de opciones claras y manifiestas de gol generadas por cada equipo, los laguneros debieron haber ganado. Y hasta lo hicieron con buen futbol. Nada lo dejaron a la casualidad.Aunque el empate haya llegado en los últimos segundos, durante el desarrollo del partido, dejaron las travesuras a merced del acierto o el error. Agustín se fue al remate (sí el portero santo) para tratar de empatar, su osadía hizo que la pelota le quedara franca al demonio, se precipitó y tiró desde muy lejos con la meta lagunera a merced del pecado. Hubiera sido la derrota consumada. Sin embargo, la traición del juego le tenía guardada una grata sorpresa a la santidad, reconociéndole sus aciertos, méritos y buen futbol.Santos fue capaz de crear y generar, no sólo llegadas de peligro para poder anotar, sino que supo fabricar opciones claras y manifiestas gol, lo cual encumbra el empate que presenta sabor a victoria. Por ningún motivo Santos merecía perder, y se le concedió la oportunidad de no sucumbir pues su accionar convocaba constantemente al peligro, y le avisaba al demonio que estaban dispuestos a hacerle daño en cualquier momento.La ida y la vuelta fueron constantes, no sólo como dicho popular para significar dinamismo en el campo, sino que fue la tónica agradable de la disputa pues el fragor estaba al lado del buen trasteo. La victoria parecía diabólica pero las buenas acciones salvíficas nunca dejaron de estar presentes. Duelos constantes, al encarar, tirar, atajar y fallarla. Tigres la ganó a Morelia pero no mereció triunfar. Santos sí lo mereció. Si se pudiera, a cada equipo le deberían otorgar 2 puntos por el empate, no sólo uno.