Reseña

Tiburones en el Golfo

Si la cama la colocan en la recámara, si la estufa la instalan en la cocina, si usan cuchara para ingerir la sopa aguada, si el sofá lo ponen en la sala, de esa manera simple y lógica, Santos podrá ofrecernos algo atractivo hoy en el Puerto de Veracruz. Las emociones del entrenador deberán estar ya controladas para dirigir al equipo que tiene, sin quejas.

El asalto emocional que se provocó, si persiste, lo podrá desubicar a tal grado de poder convertir lo inteligente en tonto. Y esto es peligroso. No está permitido ser esclavos de la pasión.

Tampoco se admite distorsionar la realidad. Veracruz puede ser grande en función de que la media cancha de Santos se lo permita. Con la sólida presencia de Diego la diferencia es notable.

La aptitud convoca a una nueva unidad emocional que todos deberán saber capitalizar. El cerebro pensante debe superar a la parte emocional para ganar de visita. No hay problema si ponen el carro en la cochera. Con simplicidad, lógica y generosidad, deberán actuar esta noche los laguneros, para no complicarse la existencia en alta mar.

Ya demostraron su capacidad. Los trastornos mentales pueden interferir en la conducta siempre y cuando no exista la suficiente inteligencia para decidir. El dueño de Veracruz, todavía con cierto manto protector, tendrá su ansioso momento por hacer reaccionar a los suyos.

Contra esto hay que saber luchar también para combatir el virtuoso fuero que los escualos arrastran. La casa no es torpe, sin Reinoso parece estar mejor pues sus sueños le han provocado nuevas ilusiones. Cada partido nos ofrece novedades y desacatos cumplidos.

¿Existen elementos para solicitar la victoria lagunera? Sí, porque no se enfrentará a alguien que espanta. A partir de ahí, las precauciones deben aparecer pero también ofrecer una ferviente inquietud por ganar.

No es simple pero se tienen argumentos para demostrar que hay con qué triunfar. Si Zubeldía toma la misma actitud corporal y retórica que usó después del juego de Tigres, pues no podrá persuadir a sus dirigidos. Alguien ya debió haberlo ubicado y orientado para sortear los Tiburones del Golfo.