Reseña

Supongamos que…

Cada torneo mexicano ofrece distintas novedades, encantos y decepciones. Podemos plantear algo para el certamen que arranca este viernes. Supongamos que Dorados de Sinaloa no es el elegido de los dioses para descender.

Entonces, necesariamente, tendríamos que voltear a ver a otros. Imaginemos que Morelia logra hacer convenientes travesuras, suficientes para salvarse. En este tema, ya van dos que se escapan de ser condenados. Tijuana no se quema. Quedan tres equipos.

 

Si los supuestos admiten lujurias, Puebla y Veracruz volverían a tener el mismo buen comportamiento que el torneo pasado, y les va alcanzando para respirar tranquilos. Sólo queda Guadalajara. Ante este panorama, se supone que a la fecha 13 ya esté marcado para irse al infierno.

Así, el cielo se va a compadecer, y podrá (estamos haciendo supuestos) solicitar ayudas especiales de alguna decisión corrosiva que en otros campos de la vida nacional, suelen aparecer cuando de arreglos nebulosos se trata.

 

Aquí surgiría la tragedia, la tentación para tener contentos a varios millones de mexicanos, capaces de realizar desorden, parecido a los de organizaciones ineficientes que abundan en el país. ¿Cree usted que esto pueda acontecer? Si tales supuestos son realidad, todo es factible. Habría un caos moral, antes visto en menor escala, pero como eso no interesa mucho, salvar una divisa sagrada pero sangrando, es cuestión de honor territorial, parecido a la soberanía nacional.

 

El mexicano es experto en resolver problemas fabricando conflictos. Tiene la fórmula mágica para aparentar ser digno con mentiras, para convencer a las masas con trampas, y callar, comprando silencio. Muchos verían bien que a las Chivas les favorezcan su permanencia, estarían felices de manchar normas, acuerdos y compromisos pues la limpieza de la vida solicita arreglos.

Ayudarle al Guadalajara es sencillo. Habría reclamos pero también justificaciones. Supongamos que todo lo anterior llegue a suceder.

¿Usted se sorprendería?