Reseña

Señales inadvertidas avisan algo

Cuando al minuto 8, la visita pudo haber estado 3 a cero con amplia ventaja, la situación no ayudaba para ver claro el panorama. Las señales inadvertidas eran claras. Había necesidad de hacer pausa, calmar el ánimo, ayudarle al joven Angulo, reanimarlo, reconfortarlo y entre todos darse confianza. Poco a poco, eso fue aconteciendo. Si el pasado domingo en el Azteca le marcaron un penalty a Alcoba por leve empujón, anoche el señor árbitro no se atrevió a hacer lo mismo en falta de Salinas sobre Rodriguez. Son las cositas inadvertidas que a todos nos confunden.

Los signos sensibles del partido de anoche indicaban que se había diseñado de manera riesgosa con 3 delanteros. Con tres en medio campo contra cinco de ellos y con buen manejo de balón, el gol endiablado casi tenía que aparecerse en el cielo. El infierno lo produjo a placer.

En ese instante, Siboldi se puso a jugar sin estorbar.

Modificó, y aunque Isijara no intervino de manera directa en ninguno de los dos goles, al menos le dio equilibrio al medio campo.

Las anotaciones celestiales se gestaron por el lado izquierdo del ataque lagunero.

Trazos largos, al hueco, para provocar que el demonio Talavera se pudiera equivocar y luego le anotaran gracias a una pierna muy larga de Furch quien con dificultad, pericia y anticipación pusiera la cifra a favor. La ventaja es trascendente y le avisa al Demonio que el fuego del averno puede sofocarlo más a él. La tranquilidad de la victoria se transforma en signo sensible de algo atrevido.

Otra vez (y no me cansaré) se le felicita a todos. A los que anotaron, a los que sufrieron, a los que reaccionaron después de sus errores, a los que tuvieron madurez para esperar el momento oportuno.

La descripción de la alegría que genera el triunfo, solicita mesura y madurez para saber saborear todo en su momento.

Se hizo una parte sensible que adelanta su veredicto.

Haber vencido al Demonio es una señal inadvertida de que algo más grande puede acontecer. Está tocado por algo mágico.