Reseña

Santos podrá ser o no campeón

Otra vez, ya hecho costumbre o ley acuñada, el gozo final estuvo precedido de sufrimiento, sólo que ahora prolongado. En el tiempo añadido se brindaron oportunidades para ganar. La esencia no se modifica. Peñarol y Pumas, abrieron el marcador pronto. América y Pachuca, también. Atlas de igual forma, y Morelia hizo lo mismo. ¿De qué se trata? Ya es oficial en Santos. Si eso no sucede, su partido no es válido. No hay otra forma de entender.
Esta realidad es un mensaje claro. Empezar perdiendo, enmendar la plana, contagiar a su afición, provocar una adicción sana, comprenderles que así se estila ahora, generar más expectativa y convencer lentamente para terminar triunfando. He aquí la nueva naturaleza exclusiva del Santos. Nadie gesta tanto estímulo y encanto al verlo jugar. No sólo divierte sino que provoca adrenalina distinta, muy suya, que hace sufrir para que el gozo sea mayor. Todo esto así, el país lo agradece.
Cruz Azul asombra por su liderazgo sostenido. Toluca acumula elogios por su serenidad. Santos levanta pasiones, conmueve, llama la atención, sufre para gozar. La casa del dolor ajeno, primero hace sufrir a los suyos, como requisito y boleto preferencial. La poesía del Santos se declama con drama y fervor, es selecta, vibra como ninguna, llega hondo, encarna, grita al aire y se atrapa con gusto.
Santos podrá ser o no, campeón; ya no importa. Con eso basta por ahora. Hoy ya es campeón de un lujo excitante que sólo él aporta. Prefiero quedarme ahí al recordar algunos campeones que no merecieron serlo por la forma de actuar en plena final. Santos extiende contratos de gozo pero en la letra chiquita viene el sufrimiento incluido. Favor de darse cuenta que en este tipo de tratos, primero se acuerda sufrir, para luego gozar. No al revés. Hoy juega de manera tan excitante que no necesita ser campeón. Altera otros órdenes establecidos, que le otorgan el campeonato. Santos ha impuesto una nueva forma de vida. Comprenderle y aplaudirle es necesario. Sufrir es requisito, gozar es ley, ser campeón o no serlo, no importa.