Reseña

Santos y Orlegi, en el 2013 con dos semifinales

El año fue muy bueno, no excelente, para el Club Santos. No le aprecio buena cara a los jugadores naturalizados porque es deteriorar el espíritu formador de una institución, pero de ahí en más, lo hecho y obtenido en el 2013, es para felicitar. Nació Orlegi, con sus escondites y misterios, normales en el mundo de los negocios de hoy en el marco de un anonimato oficial (sociedades anónimas) y en la contextualización de la seguridad.
Con entrenador europeo y sin él, Santos obtuvo lo mismo o menos a otros años. Nada nuevo hubo, si acaso menor costo del cuerpo técnico. Lo demás fue lo de menos, la intensidad fue un mito y formar mejores personas no apareció, considerando la personalidad bronca del entrenador portugués. Los logros son excelentes en términos de la tabla porcentual y las fases a donde se llegó en liguilla, marca una pauta con sus límites bien acotados. Sólo hasta semifinales; no más.
La presencia eficiente de jóvenes provenientes de fuerzas básicas, intentó cumplirse pero sin destacar. Escoboza, arrumbado en Necaxa, fue la novedad. Abella e Ibáñez cumplieron bien, defendiendo, pero al intentar colaborar al ataque, son un enemigo al lado. Los refuerzos del año no se significaron, si acaso Orozco y Herrera se salvan de la quema pero poco participaron. Los éxitos ocurrieron sin ser totalmente placenteros porque las semifinales no se superaron.
Lo que venga, con más extranjeros naturalizados en el campo, será para exigir. La Libertadores deberá jugarse con distinción, y calificar, donde sea y contra quien sea; es una meta y obligación del 2014. No es fácil andar peregrinando en dos torneos. Partiendo de esta cruel realidad, más la necesaria sabiduría para saber hacer reingeniería en la institución y en el campo, la tarea para el siguiente semestre no es sencilla. Se les desea prosperidad en sus nuevas aventuras. El 2013 fue para aplaudir; no para festejar.